Historias con identidad local

​La historia de Adelia y Laura, madre e hija que transformaron la gastronomía de Plottier

​Llegaron desde realidades distintas pero unidas por el mismo ADN hospitalario. A través de proyectos emblemáticos como Ashanti, Lotito’s y Fiumi, forjaron un legado donde la cocina es sinónimo de refugio, encuentro familiar y amor por el valle.
domingo 24 de mayo de 2026

​Están quienes llegan a una ciudad de paso y quienes, sin planearlo, terminan moldeando su identidad profunda. En Plottier, los nombres de Adelia y su hija Laura pertenecen de forma inevitable a esta segunda categoría. Mucho antes del auge de las redes sociales, los cafés de especialidad y las filas interminables de los sábados por la noche, estas dos mujeres entendieron que una comunidad también se construye alrededor de una mesa y que la gastronomía, cuando está atravesada por el afecto, se convierte en un refugio para el alma.

​La historia comenzó hace décadas cuando Adelia, nacida en Paraguay, llegó desde Buenos Aires junto a su esposo por motivos laborales. El paisaje del valle, con su río y su tranquilidad, le devolvió una familiaridad verde que le recordaba a su tierra natal. En aquel Plottier de calles de ripio, chacras abiertas y cardos rusos, Adelia detectó una ausencia: las familias y los jóvenes no tenían un espacio propio para compartir. Así nació Ashanti, una pequeña confitería frente a la biblioteca local que pronto se transformó en el living de la ciudad. Con una ternura que aún conserva intacta, Adelia recuerda esa época como un aprendizaje mutuo con los vecinos, marcando el inicio de un lazo inquebrantable con la comunidad.

​El espíritu nómade de la familia los llevó a vivir en distintas ciudades e incluso fuera del país, pero el arraigo a la tierra neuquina siempre fue más fuerte. En uno de esos regresos, en 2006, emergió la figura de Laura. Cantante, inquieta y viajera, Laura regresó con una visión clara que "apareció en su cabeza antes de existir": Lotito’s. Aunque originalmente fue pensado como un modesto despacho de comidas para llevar, el público exigió quedarse. Fue entonces cuando madre e hija fusionaron sus talentos para dar vida al concepto “A lo Bestia”, platos enormes y milanesas gigantes pensadas para compartir en familia, desafiando la tendencia individualista del mundo moderno y abrazando a los nuevos habitantes que buscaban un hogar en el sur.

​La complicidad entre ambas permitió que el legado gastronómico siguiera expandiéndose con La Adelia —una parrilla que llegó a ganar el premio provincial al asado de tira— y, más recientemente, Fiumi. Este último espacio, bautizado en honor a los ríos que abrazan la región, funciona como la síntesis perfecta de sus vidas: allí conviven las raíces paraguayas con el mbeyú, la tradición patagónica y la cafetería de especialidad. Mientras Laura aporta la innovación y las nuevas tendencias, Adelia sigue siendo el corazón latente del lugar, saludando mesa por mesa y transformando a los clientes en amigos. Juntas demuestran que el secreto de su éxito no reside en las recetas, sino en una forma profundamente humana de entender la hospitalidad, nacida de un amor por Plottier que, como ellas mismas aseguran, se lleva en la sangre tras haber tomado el agua del Limay desde chicos. Y después agrega: “Es amor. No se puede explicar”.

​La historia de Adelia y Laura, madre e hija que transformaron la gastronomía de Plottier
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