Hecho en Neuquén

Lucía Guerrero y la tradición familiar de hacer queso de cabra en Paila Leche

Entre montañas, nevadas y largas distancias, una productora del Alto Neuquén mantiene viva una tradición familiar que se transmite de generación en generación. Sus quesos artesanales son mucho más que un alimento: representan el trabajo, la identidad y la perseverancia de quienes eligieron hacer del campo su forma de vida.
domingo 28 de junio de 2026

En el paraje Paila Leche, un pequeño rincón del norte neuquino donde viven apenas cinco o seis familias, Lucía Guerrero comienza cada jornada con las tareas propias de la vida rural. A unos 30 kilómetros de Andacollo y a 45 de Chos Malal, entre cerros y caminos que en invierno suelen quedar cubiertos por la nieve, sostiene junto a su esposo y uno de sus hijos una actividad que heredó de sus mayores: la producción artesanal de queso de cabra.

La historia de Lucía está profundamente ligada al territorio. Allí nacieron sus raíces y allí decidió construir su vida. Aunque tiene cinco hijos, cuatro de ellos ya son adultos y viven fuera del campo. Ella continúa apostando por el trabajo rural, convencida de que es la vida que eligió y que desea preservar.

"Es la vida que elegí, vivir en el campo y producir lo que está al alcance de uno", resume con sencillez.

La elaboración de queso forma parte de una tradición familiar que atraviesa generaciones. "Mi madre lo hacía y nosotros seguimos con esa actividad", cuenta. Ese conocimiento transmitido de madre a hija sigue vigente en cada horma que sale de su pequeña producción.

Durante la temporada que se extiende desde diciembre hasta fines de marzo, Lucía produce entre 30 y 40 kilos de queso por mes. La mayor parte son hormas redondas, aunque ocasionalmente también elabora algunas cuadradas. Cada una de ellas es el resultado de horas de dedicación y de un proceso artesanal que conserva los saberes tradicionales de la región.

Su sueño es sencillo, pero significativo. "Mi sueño sería poder hacer cinco kilos de queso por día para mejorar la estabilidad económica”, expresa.

Para quienes viven en los parajes rurales del norte neuquino, la producción no sólo representa una fuente de ingresos. También es una forma de resistencia frente a las dificultades que impone el entorno. En el caso de Lucía, el invierno es la estación más desafiante.

"Lo más difícil son las cuestiones del clima. Cuando se corta la ruta por la nevada y queda más helado, eso sería lo más complicado", explica.

Sin embargo, las dificultades encuentran su recompensa cuando llega el momento de comercializar los productos. Allí aparece la satisfacción de ver reconocido el esfuerzo de meses de trabajo.

"Lo más gratificante es cuando vendés tu producto y recibís el dinero. En verano me soluciona el problema económico", señala.

Pero hay otra recompensa que valora incluso más. Cada vez que alguien prueba sus quesos y destaca su calidad, siente que el esfuerzo vale la pena.

Lucía dice sentir "un gran orgullo cuando prueban los quesos porque toda la gente que los prueba dice que son un buen producto. Es un producto regional único de acá, del paraje Paila Leche y uno se siente visible con los productos que hace".

En cada horma de queso que produce Lucía Guerrero hay mucho más que leche de cabra y técnicas artesanales. Hay historia familiar, identidad cultural, arraigo territorial y la convicción de que las tradiciones pueden seguir vivas gracias al trabajo silencioso de quienes, día tras día, continúan apostando por el campo neuquino.

Desde Paila Leche, entre montañas y caminos rurales, Lucía demuestra que los sabores auténticos también cuentan historias. Historias de esfuerzo, de pertenencia y de amor por una forma de vida que se resiste a desaparecer.

 

Lucía Guerrero y la tradición familiar de hacer queso de cabra en Paila Leche
Lucía Guerrero y la tradición familiar de hacer queso de cabra en Paila Leche
Lucía Guerrero y la tradición familiar de hacer queso de cabra en Paila Leche
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