2026-04-12

El arte de tejer

Eliana Tropan, artesanías y tradición neuquina que trasciende

Desde Junín de los Andes, sus manos transforman la lana en piezas únicas que hoy recorren el país, llevando consigo historia, tradición y orgullo neuquino.

En cada hilo, en cada trama y en cada color, hay una historia. La de Eliana Tropan es una de esas que se tejen con esfuerzo, memoria y amor por el oficio. Nacida en la comunidad Linares y radicada desde hace 25 años en Junín de los Andes, su vida está profundamente ligada al tejido, una práctica que aprendió de niña y que hoy no solo le da sustento, sino también identidad.

“Yo aprendí desde muy chiquita. Mi mamá falleció cuando yo tenía 9 años y a los 12 ya tenía que ayudar a sostener el hogar. Éramos seis hermanos y ahí empecé a tejer para ganarme la vida”, recordó. Desde entonces, nunca dejó el arte de tejer, convirtiendo esa necesidad en un camino de crecimiento personal y de oficio. 

Durante años combinó distintos trabajos con su producción artesanal, hasta que logró dedicarse por completo a lo que ama. “Hoy vivo solo del tejido, no tengo otros ingresos. Y eso también es importante decirlo: se puede vivir de esto”, afirmó, con la tranquilidad de quien construyó su propio camino.

Sus piezas, reconocidas por su calidad y detalle, forman parte del circuito de la firma provincial Artesanías Neuquinas, desde donde viajan a distintos puntos del país y del mundo. “Eso me hace sentir orgullosa. Pensar que algo que hice con mis manos puede estar en cualquier lugar, es muy lindo”, expresó.

Ese recorrido tuvo un punto alto en la Exposición Rural de Palermo, donde obtuvo dos premios que marcaron su trayectoria. “Es una emoción muy grande. Uno pone mucho esfuerzo en cada pieza, así que recibir ese reconocimiento te llena de orgullo y te da más ganas de seguir”, comentó Tropan sobre su experiencia en la muestra nacional.

Hace pocos días, además, fue reconocida por el Gobierno de la Provincia en un acto encabezado por la ministra de Turismo, Ambiente y Recursos Naturales, Leticia Esteves y el presidente de Artesanías Neuquinas, Luis María “Titi” Ricciutto. Un gesto que, para Eliana, tiene un significado especial: “Es algo muy lindo, porque te impulsa a seguir y a mejorar. Uno siempre puede aprender más, mejorar los colores, las terminaciones, todo”.

 El proceso detrás de cada pieza es tan artesanal como paciente. Desde la compra de la lana en época de esquila hasta el hilado, el lavado, el teñido y finalmente el tejido, cada paso requiere dedicación. “No es solo tejer. Tenés que preparar la lana, elegir los colores, darle el grosor justo según la prenda. Es todo un proceso”, explicó.

En ese camino, también hay una marca personal que distingue su trabajo. “Cada artesana tiene su forma de tejer. Podés hacer el mismo dibujo, pero la mano es distinta. Los que conocen mi trabajo saben cuándo es mío y cuándo no”, aseguró con una sonrisa.

Entre sus colores preferidos aparece el gris claro, una tonalidad que se repite en sus creaciones y que, de algún modo, también habla de su identidad. “Es mi favorito, siempre está presente”, dijo, como quien reconoce una firma propia en cada pieza.

Pero si hay algo que atraviesa toda su historia es la transmisión. Así como su abuela le enseñó a tejer, ella hoy busca compartir ese conocimiento con sus hijas. “Es algo muy lindo poder enseñarles, mostrarles que esto tiene valor, que es parte de lo que somos”, expresó.

Entre lanas, colores y saberes ancestrales, Eliana Tropan no solo crea artesanías: construye puentes. Cada pieza que produce lleva consigo un pedazo de Neuquén, una identidad que viaja y perdura.

 

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