2026-02-28
Ejemplo de resiliencia
Caviahue reconstruyó su escuela y reafirmó el corazón educativo de la comunidad
Tras el incendio del 23 de junio de 2024, familias y docentes enfrentaron la pérdida material y emocional. Hoy, con el nuevo edificio en funcionamiento, destacan la rapidez de la respuesta y el valor simbólico de una bandera recuperada entre las cenizas.
El 23 de junio de 2024 quedó grabado en la memoria colectiva de Caviahue. El incendio que destruyó el edificio de la Escuela Primaria N° 164 de la localidad no sólo arrasó con aulas y mobiliario: también puso en pausa historias, recuerdos y proyectos escolares.
Lo que ocurrió después dejó en evidencia la resiliencia del pueblo. La articulación entre los sectores público y privado permitió una reconstrucción inédita: a 614 días del incendio, este 27 de febrero la comunidad recuperó su espacio propio en un edificio nuevo, pensado para albergar no sólo a los estudiantes de nivel primario sino también para dar origen a la primera escuela rural infantil de la provincia.
Aquel día de 2024, marcado por el frío extremo y la nieve, se convirtió en uno de los más tristes. “Fue un domingo por la noche. Me avisaron que se estaba incendiando la escuela. Salí y era humo. Quise entrar, pero no me dejaron los bomberos. Era una desesperación”, recordó la directora Marta Jara, quien permaneció en el lugar junto a los vecinos hasta la madrugada.
Lo que ocurrió después dejó en evidencia la resiliencia del pueblo. La articulación entre los sectores público y privado permitió una reconstrucción inédita: a 614 días del incendio, este 27 de febrero la comunidad recuperó su espacio propio en un edificio nuevo, pensado para albergar no sólo a los estudiantes de nivel primario sino también para dar origen a la primera escuela rural infantil de la provincia.
Uno de los momentos más emotivos del acto inaugural, que contó con la presencia del gobernador Rolando Figueroa y el intendente Oscar Mansegosa, se produjo cuando los obreros que llevaron adelante la obra hicieron entrega de la bandera que habían rescatado entre las ruinas. No fue sólo la recuperación de un símbolo: fue la restitución de una parte de la memoria colectiva. Y eso se reflejó nítidamente en las expresiones de ambos.
Verlos ingresar con la bandera enmarcada desató la emoción de alumnos, docentes y familias. Esa misma emoción compartieron las ministras de Educación e Infraestructura, Soledad Martínez y Tanya Bertoldi, junto a la secretaria de Emergencia y Gestión de Riesgo, Luciana Ortiz Luna. Desde el primer momento ellas se pusieron a disposición de la comunidad y tuvieron un rol activo para que el ciclo lectivo 2026 pudiera comenzar en las nuevas instalaciones.
Meses antes, integrantes de la cooperadora escolar habían logrado rescatar y restaurar el mueble donde se guardaba la enseña patria, aunque no habían encontrado la bandera entre los restos del incendio. Que fueran los trabajadores quienes la devolvieran a la escuela cerró un círculo cargado de significado. Después del fuego, Caviahue no sólo reconstruyó un edificio escolar: reconstruyó un símbolo colectivo y reafirmó, una vez más, el lugar central que la escuela pública ocupa en la vida del pueblo.
De la incertidumbre a la esperanza
Aquel día de 2024, marcado por el frío extremo y la nieve, se convirtió en uno de los más tristes. “Fue un domingo por la noche. Me avisaron que se estaba incendiando la escuela. Salí y era humo. Quise entrar, pero no me dejaron los bomberos. Era una desesperación”, recordó la directora Marta Jara, quien permaneció en el lugar junto a los vecinos hasta la madrugada.
El edificio era mucho más que un establecimiento educativo. “Era todo para el pueblo: actos, reuniones, clases. Era el corazón de la comunidad”, resumió la docente, que vive desde hace 28 años en Caviahue.
“Pasamos mucha congoja. No podíamos pensar en el mañana; sólo veíamos esas llamas rojas sobre el fondo blanco de la nieve, con el frío calando. Estábamos en shock y había que desdoblarse para afrontar esa realidad”, agregó.
Las familias también vivieron horas de angustia e impotencia. Georgina, mamá de una alumna de sexto grado, relató que al principio creyó que se trataba de un foco menor, pero al llegar vio el fuego en el techo y a los bomberos intentando trabajar con mangueras que se congelaban por las bajas temperaturas. “Fue terrible. Tratábamos de ayudar como podíamos”, contó.
La escena fue especialmente difícil para los estudiantes. “Lloraban por sus cosas, por los terrarios que habían hecho, por sus dibujos. Puede parecer pequeño, pero eran sus recuerdos”, explicó. Entre lo perdido se quemaron trabajos que formaban parte de la historia escolar de cada curso, incluso cartas que habían escrito en primer año para su yo del futuro y que nunca pudieron recuperar.
El día después estuvo atravesado por el desconcierto. En Caviahue no había otro edificio preparado para albergar a toda la matrícula. Se evaluaron distintas alternativas comunitarias, sabiendo que cada opción implicaba resignar espacios que también son vitales para el pueblo.
La respuesta fue inmediata. Con el acompañamiento del Gobierno provincial y el Consejo Provincial de Educación, el Hotel del Instituto cedió sus instalaciones, que fueron reacondicionadas en tiempo récord para funcionar como aulas. “Estábamos ajustados, pero era lo que teníamos. Y todos aceptamos esa adaptación”, señaló Jara.
La escuela logró así retomar las clases mientras avanzaba el proyecto de reconstrucción. “Al principio dudábamos. Pero cuando vimos lo rápido que se armó el Instituto donde funcionó provisoriamente la escuela, empezamos a creer que se podía”, afirmó Cristina, otra madre que es, además, presidenta de la cooperadora escolar.
Hoy, con el nuevo edificio en funcionamiento, el balance es positivo. “Es un logro muy importante para todos. Que se haya hecho en tan poco tiempo significa mucho. Se ve la calidad de los materiales y que fue pensado con amor, entendiendo los espacios que necesitan los chicos”, sostuvo.
Marina, otra mamá, recordó que desde la cooperadora acompañaron todo el proceso, colaborando para reponer materiales y equipamiento y trabajando para que los estudiantes no sintieran tan profundamente el vacío de lo perdido. Tras el incendio, algunas madres ingresaron al edificio siniestrado. “Fue durísimo -recordó-. El olor a quemado, los dibujos en los lockers, todo destruido”.
Hoy, el nuevo establecimiento alberga a 156 estudiantes de niveles inicial y primario, con un plantel de alrededor de 30 docentes y siete auxiliares. Además, con la inauguración se consolida una nueva institución para la localidad, la escuela rural infantil 92.
La directora Jara destacó que se trata de instalaciones modernas, con aulas bien definidas, espacios específicos y áreas pensadas para el clima de montaña. En una localidad donde el 88 por ciento del plantel docente viaja a diario desde la ciudad vecina de Loncopué, atravesando zonas de viento blanco, la escuela es también un símbolo de esfuerzo compartido y vocación.
En Caviahue, la escuela 164 recuperó su lugar y, con ella, volvió a latir el corazón del pueblo.
Te puede interesar