2026-05-24

Camino de la Fe

La capilla de Ailinco en el corazón del norte neuquino

La Capilla Nuestra Señora de Lourdes marca el inicio de una travesía espiritual de más de 650 kilómetros que une historia, devoción y paisaje en el corazón del Alto Neuquén.

En el corazón agreste del norte neuquino, donde el viento recorre los cerros y el silencio se vuelve paisaje, hay un punto de partida que reúne espiritualidad, cultura y tradición en la memoria profunda de la fe: el paraje Ailinco.

Allí, humilde y firme, la Capilla Nuestra Señora de Lourdes marca el inicio del “Camino de la Fe”, una huella espiritual de más de 650 kilómetros que enlaza más de 40 sitios sagrados a lo largo de la provincia.

La historia de este lugar no empezó como templo. Fue primero un galpón, un almacén de campo cedido en 1968 por Felipe Urrutia, un gesto sencillo que con el tiempo se transformaría en refugio espiritual. Años más tarde, en 1987, el impulso del padre salesiano Ceferino Miase le dio forma definitiva a la capilla, levantando no sólo paredes, sino también un punto de encuentro para generaciones de crianceros, familias y peregrinos.

Pero Ailinco no se explica solo en su arquitectura. Cada febrero, cuando el calendario marca el día de la Virgen de Lourdes, el paraje se transforma. Desde Tricao Malal parten jinetes que durante tres días atraviesan montañas y valles en una cabalgata que es tanto travesía como promesa.

El momento más conmovedor llega en la noche del 10 de febrero. Las antorchas iluminan el camino hacia el calvario y, bajo el cielo inmenso del Alto Neuquén, los fieles entonan un “feliz cumpleaños” a la Virgen que estremece por su sencillez. A la medianoche, el silencio vuelve, pero ya no es el mismo: queda cargado de emoción.

Al día siguiente, la capilla abre sus puertas para la misa central. Bautismos, casamientos, abrazos largos. La fe aquí no es abstracta: se celebra, se comparte, se come en comunidad en un almuerzo popular donde cada historia encuentra su lugar en la mesa.

La devoción a la Virgen de Lourdes, nacida en 1858 en Francia con las apariciones de Bernardita Soubirous, encontró en esta región un eco profundo. En el norte neuquino, es patrona de los crianceros, símbolo de protección en una vida atravesada por la trashumancia, el clima y la soledad de la cordillera. Su figura acompaña, guía y, sobre todo, une.

Esa unión tiene raíces más antiguas. La huella salesiana, con nombres como Domingo Milanesio -el recordado “Patiru Domingo”- o Bartolomé Panaro, fue clave para sembrar no solo la fe, sino también valores de comunidad, trabajo y solidaridad en estas tierras. Capillas como la de Ailinco son testimonio vivo de ese legado.

Recorrer el “Camino de la Fe” es, en definitiva, mucho más que un viaje. Es atravesar paisajes que hablan, comunidades que resisten y tradiciones que se niegan a desaparecer. Y todo comienza ahí, en Ailinco, donde alguna vez hubo un galpón y hoy late un símbolo.

Cada año, el sonido de los cascos, las plegarias y el fuego de las antorchas vuelven a encender ese camino. Porque en el Alto Neuquén, la fe no es solo creencia: es identidad.

Cómo llegar

Se accede tomando la ruta provincial 54 y ruta provincial 43 desde Manzano Amargo pasando por Varvarco. El camino es escénico, atraviesa el valle del río Neuquén y zonas de veranada.

Ailinco es un paraje escénico y área geográfica situada al norte de Varvarco, en el departamento Minas de la provincia del Neuquén.

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