Camino de la Fe

Dulce Namuncurá: una voz que mantiene vivo el legado de Ceferino

La sobrina tataranieta del beato y presidenta del Santuario Kultrún de San Ignacio cerca de Junín de los Andes, comparte una mirada actual sobre su legado y el desafío de preservar una historia que une espiritualidad, identidad mapuche y compromiso con la comunidad.
lunes 31 de agosto de 2026

Luego de un nuevo aniversario del nacimiento de Ceferino Namuncurá, que se conmemora cada 26 de agosto, una de las voces que mantiene viva su historia es la de Dulce Namuncurá, sobrina tataranieta del beato. Desde el lugar donde descansan sus restos, en el paraje San Ignacio, su mirada permite acercarse a una figura que, más de un siglo después de su muerte, continúa convocando a creyentes, visitantes y comunidades.

Referente del turismo sociocultural y presidenta del Santuario Kultrún de la Comunidad Mapuche Namuncurá en San Ignacio, Dulce asume una tarea que trasciende el vínculo familiar. Su trabajo forma parte de una construcción colectiva orientada a preservar y transmitir la figura de Ceferino desde la espiritualidad, la identidad y el compromiso social.

“Mi rol es promover el lugar y conservarlo”, explica al referirse a su tarea dentro de la subcomisión ceferiniana. Pero esa responsabilidad no se limita al cuidado del santuario. También implica generar vínculos con quienes llegan hasta San Ignacio, acercarlos a la historia de Ceferino y compartir aspectos de la cultura mapuche.

En ese diálogo con los visitantes aparece una de las frases que mejor sintetizan la vida del beato: “Quiero ir a estudiar para ser útil a mi pueblo”. Para Dulce, esas palabras continúan teniendo plena vigencia porque expresan una vocación de servicio que comenzó desde muy joven y que hoy puede interpelar especialmente a las nuevas generaciones.

Una historia que permanece viva

El legado de Ceferino se mantiene presente durante todo el año a través de distintas fechas que convocan a la comunidad y a los fieles. El 11 de mayo se recuerda su fallecimiento; el 26 de agosto, su nacimiento; y en noviembre se conmemora su beatificación.

A esas fechas se suma un trabajo cotidiano de difusión y encuentro. Las redes sociales se transformaron también en una herramienta para ampliar el alcance de su mensaje y fortalecer los vínculos con quienes desean conocer su historia.

Para Dulce, una de las claves de la vigencia de Ceferino está precisamente en su capacidad de tender puentes. “Su historia conecta especialmente con los jóvenes, porque muestra un compromiso social desde muy chico”, señala.

Su figura permite acercar dos dimensiones que, lejos de excluirse, se complementan: la espiritualidad y la identidad cultural. Desde esa perspectiva, Ceferino no es solamente una figura de la Iglesia Católica, sino también un joven mapuche cuya historia continúa ligada a su pueblo y a la Patagonia.

El turismo como encuentro

En ese camino, el turismo religioso y sociocultural adquiere un papel fundamental. Los visitantes que llegan hasta San Ignacio encuentran allí un espacio de fe, pero también una oportunidad para conocer una historia y una cultura.

Junín de los Andes y su entorno se consolidaron como uno de los principales destinos vinculados con la fe en la Patagonia. Quienes llegan muchas veces buscan algo más que recorrer un lugar: buscan momentos de paz, reflexión y conexión con la naturaleza. “Es una forma sencilla de vivir la fe, en diálogo con otras culturas”, destaca Dulce.

El Santuario Kultrún expresa ese encuentro desde su propia arquitectura. La construcción, inspirada en el instrumento sagrado mapuche, se integra con el paisaje y constituye un espacio donde la espiritualidad cristiana convive con símbolos y elementos propios de la identidad de la comunidad.

Para Dulce, participar de encuentros vinculados con el turismo religioso también significa abrir espacios de intercambio y aprendizaje. Es una oportunidad para fortalecer vínculos con otros actores y, especialmente, para compartir la cosmovisión del pueblo mapuche y su relación con Ceferino.

Una mirada hacia el futuro

El crecimiento del turismo religioso plantea nuevos desafíos. El objetivo, explica Dulce, es “acompañar y mejorar la experiencia de quienes llegan”, para que cada visitante pueda acercarse al lugar desde el respeto y encontrar allí una experiencia significativa.

En ese horizonte, la figura de Ceferino continúa funcionando como un punto de encuentro. Su historia atraviesa generaciones y permite transmitir valores que no quedaron detenidos en el tiempo.

El mensaje que Dulce lleva consigo es sencillo y profundo: no importa el origen, siempre existe la posibilidad de elegir el bien. Ese fue, en buena medida, el camino que eligió Ceferino, quien desde muy joven proyectó su formación y su vida pensando en los demás.

A 140 años de su nacimiento, su legado sigue encontrando nuevas voces. Una de ellas es la de Dulce María Namuncurá, que desde San Ignacio trabaja para que la historia del joven mapuche que soñó con ser útil a su pueblo continúe viva, no solamente como recuerdo, sino como una invitación a construir comunidad.

Dulce Namuncurá: una voz que mantiene vivo el legado de Ceferino
Dulce Namuncurá: una voz que mantiene vivo el legado de Ceferino
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Dulce Namuncurá: una voz que mantiene vivo el legado de Ceferino
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Dulce Namuncurá: una voz que mantiene vivo el legado de Ceferino
Dulce Namuncurá: una voz que mantiene vivo el legado de Ceferino