Clubes Sociales

El Club Eucalipto Blanco crece con el programa provincial

Ubicado en el barrio Limay de Neuquén capital, la institución deportiva sigue creciendo tanto en historias de vida, como en oportunidades e infraestructura para quienes se acercan a diario.
domingo 26 de abril de 2026

En las voces de los hermanos Robles, fundadores del club, y de dos de sus jugadores de primera categoría, recuperamos los relatos de quienes vieron nacer a esta institución emblemática para toda una comunidad.

Cuando vamos conociendo la historia del Club Eucalipto Blanco aparece un hilo común que atraviesa generaciones: el esfuerzo colectivo y la convicción de que la institución deportiva es, ante todo, de los chicos.

Entre el pasado de tierra y el presente de obras, la institución deportiva crece sin perder su identidad. Con el acompañamiento del programa Clubes Sociales del Gobierno provincial, las mejoras en infraestructura conviven con lo esencial: el club como espacio de encuentro, contención y oportunidades para las nuevas generaciones.

“Mi inicio en el club fue junto con mi hermano hace más de 40 años. Lo acompañé por una cuestión de hermandad, porque siempre jugamos juntos. Antes mi viejo tenía equipo de fútbol, así que era imposible no estar en la cancha”, recuerda Esteban Alberto Robles, uno de los históricos del lugar.

Ese recorrido está marcado por diversos desafíos que hoy se traducen en orgullo. “Cuando pudimos pasar de comunitario a federado fue muy difícil. Había que tener un predio acondicionado, juntar mucha plata, hacer actividades. Era todo a pulmón”, cuenta. Y entre esas anécdotas, una sintetiza el espíritu del club: “Para hacer los vestuarios que hoy ven, hicimos un ‘chivo móvil’. Vendíamos numeritos y cocinábamos en la calle para juntar plata. Así compramos los materiales y construimos”.

El crecimiento no borró la esencia. Por el contrario, la fortaleció. “Para nosotros el programa de Clubes Sociales de la Provincia es algo buenísimo, porque nos da la oportunidad de mejorar la infraestructura. Mejora nuestra casa, como decimos nosotros”.

“Hoy está más linda”, señala, “pero con la misma esencia: ser social, ser amable y respetuoso”, afirma Robles, al repasar el desarrollo de obras en el club, que cuenta con el acompañamiento de esta política pública deportiva impulsada por el ministerio de Juventud, Deportes y Cultura a través de la secretaría de Deportes.

Las transformaciones son visibles. “Tener tribunas era algo que siempre soñamos. Hoy lo tenemos. También vamos a tener un buffet inmenso, se mejoró la iluminación. Vos entrás a la cancha y está camino a ser lo que queríamos”, describe.

Sin embargo, hay algo que no cambia: el sentido de pertenencia. “Uno siempre va a sentir orgullo de haber recorrido un camino y que hoy lo sigan otros. Esto es de los pibes y siempre va a tener que ser de los chicos y las chicas”, afirma. Y agrega: “El campo de juego es un orgullo. Tenemos un drenaje espectacular, puede llover y se juega igual”.

Los recuerdos también pintan el contraste con el presente: “Antes esto era todo pelado. Había una hilera de árboles, el canal a cielo abierto. Si la pelota se iba, teníamos que sacarla con un palo para poder seguir jugando”, evoca.

En esa misma línea, Juan Carlos Robles aporta otra mirada fundacional: “El club nació por una invitación de la comisión del barrio Limay cuando yo tenía unos 20 años; vine por un tiempo y nunca pensamos llegar a fundar un club”, recuerda. “El club se formó a pulmón; lo empecé yo y después me acompañó mi hermano, que me hizo la segunda”.

También reconstruye el origen de su identidad: “Hoy el Euca tiene más de 40 años. El nombre del club es por un árbol que está detrás de la institución; blanco, por unas camisetas que nos regalaban; y del Limay, por el río”. Y reafirma el sentido inicial que aún perdura: “Cuando comenzamos, nuestro objetivo era sacar al chico de la calle; era dedicarles tiempo a los chicos que por ahí no tenían adónde ir”.

Desde otra generación, los jugadores reflejan cómo esa historia continúa viva. Gabriel Bascuñán, jugador de primera división, cuenta que llegó al club a los 12 años: “Fue por un amigo que vivía frente a mi casa y para mí era un desafío, porque era un nuevo comienzo con chicos que no conocía”.

Sobre aquellos primeros años, también marca el contraste con el presente: “La cancha era totalmente de tierra, pero los chicos lo hacían divertido”. Y agrega: “Ahora que la cancha está distinta, la vida que tiene el club mejoró muchísimo”.

Ezequiel Gutiérrez, referente del club, que actualmente se desempeña como capitán de primera división, aporta su mirada. “Arranqué en 2012, cuando esto recién empezaba. La cancha era de tierra, éramos pocos chicos, pero fue creciendo”, cuenta. Los entrenamientos de entonces distan mucho de los actuales: “Usábamos palos de escoba para entrenar. Era todo diferente”.

También guarda sus propias postales: “Tengo el recuerdo de un torneo en Plottier donde salimos campeones. Éramos todos chicos del barrio, compañeros de la escuela. Hoy muchos siguieron sus caminos, pero yo sigo firme”.

Para él, el club siempre fue más que un lugar para jugar: “Lo vivía como una segunda familia, mi segunda casa”. Y en ese sentido, el impacto del programa provincial es claro: “Hoy vemos las tribunas que antes no estaban. La gente se sentaba en reposeras. Es un cambio total, enorme”.

Ese cambio también se siente en la comunidad. “Ver el club así es una sensación enorme y linda. Yo lo deseaba de corazón. Hoy se suma más gente, vienen chicos de todos lados, preguntan por el club. Antes no pasaba. Ahora es totalmente diferente”, asegura.

Inversión y compromiso con la comunidad

En el marco del programa Clubes Sociales, la institución —presidida por Alejandro García— recibió un aporte de 50 millones de pesos destinado a fortalecer su infraestructura. El proyecto contempla en su proyecto la construcción de vestuarios, sanitarios y tribunas, además de la compra de materiales y la contratación de mano de obra.

Como parte de la contraprestación, el club sostiene una intensa actividad social y comunitaria para llegar con más oportunidades a toda la comunidad. Entre las acciones realizadas se destaca la organización de un torneo relámpago infantil que reunió a 180 niños de ocho escuelas barriales, la cesión gratuita de sus instalaciones para entrenamientos de selecciones provinciales y la realización de eventos deportivos de alcance regional.

También llevó adelante celebraciones abiertas como el Día de la Niñez junto a organizaciones del barrio, actividades con instituciones educativas y acciones solidarias ante emergencias, logrando reunir fondos y donaciones para familias afectadas.

En paralelo, el club impulsa el desarrollo deportivo con iniciativas como convenios formativos con San Lorenzo de Almagro, instancias de captación junto a Club Atlético Tigre y la promoción de nuevas disciplinas como el beach handball.

Además, promueve espacios de inclusión social, como encuentros de fútbol callejero orientados a personas con problemáticas de salud mental y adicciones, y garantiza el acceso al deporte a través de becas y cuotas accesibles para niños, niñas y jóvenes del barrio.

De este modo, la inversión no solo se traduce en obras, sino también en oportunidades concretas que fortalecen el entramado social y consolidan al club como un actor clave en la vida comunitaria.

El Club Eucalipto Blanco crece con el programa provincial
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