A partir de cuatro colmenas
Agustín, el joven neuquino que convirtió su pasión por las abejas en un emprendimiento
Hay vocaciones que aparecen de manera inesperada y otras que encuentran el lugar indicado para crecer. A los 18 años, Agustín Mabres Valdez convirtió una experiencia escolar en un proyecto productivo. Nacido y criado en Junín de los Andes, cursa sexto año en el CEI San Ignacio, una escuela agrotécnica de la Fundación Cruzada Patagónica, donde descubrió su vocación por la apicultura.
“Me apasionaba, me encantaba, me volvía loco saber cómo un insecto de dos centímetros puede mover un planeta y puede mantenerlo”, cuenta en Radio y Televisión del Neuquén (RTN) al recordar sus primeros acercamientos a las abejas.
En ese recorrido fue fundamental su vínculo con Cristian Hernández, uno de sus profesores. Aunque el docente dejó de acompañarlo después de tercer año, continuó alentando su interés por la actividad. Durante las vacaciones posteriores a cuarto año le hizo un regalo que marcaría el comienzo de su emprendimiento: cuatro colmenas.
“Me dio un voto de confianza muy grande”, recuerda Agustín. Para él, ese gesto implicó también un compromiso: “Cuando alguien te da ese voto de confianza, tenés el deber de ser comprometido, disciplinado y hacer valer la pena el voto de confianza de una persona”.
Las primeras colmenas fueron instaladas en un apiario ubicado en Spring Creek, un lodge de pesca situado a unos dos kilómetros de la escuela. Allí comenzó a familiarizarse con el manejo de las abejas y con un proceso productivo que requiere paciencia, conocimiento y dedicación; mientras que en su casa realizaba parte de las tareas de elaboración y envasado. Más adelante, pudo utilizar la sala de extracción de la institución para obtener miel destinada a la comercialización.
Así nació “Las Melarias”, el emprendimiento que hoy impulsa mientras termina sus estudios.
El nombre también tiene una historia detrás. Agustín buscaba una denominación que tuviera identidad, pero que al mismo tiempo pudiera trascender Junín de los Andes. Después de descartar una primera opción vinculada a la zona, encontró en el término “melaria” la inspiración para darle nombre a su proyecto.
Su primera extracción fue un momento especialmente significativo. De aquellas cuatro colmenas obtuvo aproximadamente un kilo y medio de miel, que envasó y etiquetó por primera vez. “Era algo tan mío que nunca había sentido esa sensación de tener algo que conseguiste vos desde principio a fin”, recuerda.
Una historia que también se cuenta en redes
Agustín no solo aprendió sobre la miel, sino también a comunicar su trabajo. Instagram se convirtió en su principal canal de difusión, donde muestra el día a día de las colmenas y acerca la apicultura a quienes lo siguen.
“Me diferencio más allá del producto por la forma en que lo comunico y por la forma en que lo promociono”, explica.
Para Agustín, la apicultura también significó comprender la importancia de las abejas para el ambiente. Su interés por estos insectos comenzó en el aula y hoy forma parte de su vida cotidiana y de su proyecto de futuro.
Mientras termina la secundaria, continúa trabajando con sus colmenas y haciendo crecer “Las Melarias”, un emprendimiento que comenzó con cuatro colmenas y que hoy representa mucho más que un producto: es el resultado de una vocación descubierta en la escuela, de la confianza de un docente y de la decisión de un joven neuquino de transformar esa oportunidad en un proyecto propio.
Para conocer su trabajo y contactarse con Agustín, se puede visitar en Instagram @LasMelarias.