Postales neuquinas
Capilla San Huberto, una joya de piedra y madera que invita a una pausa en la Ruta de los Siete Lagos
En uno de los recorridos escénicos más emblemáticos de la Argentina, donde el bosque andino patagónico se funde con lagos de aguas cristalinas y montañas nevadas, una pequeña construcción de piedra y madera sorprende a quienes transitan la Ruta Nacional 40. La Capilla San Huberto, ubicada a pocos kilómetros del acceso al Parque de Ski Lago Hermoso, constituye una de las postales más encantadoras de la Ruta de los Siete Lagos y un sitio que invita a detener la marcha para contemplar el paisaje y disfrutar de un momento de serenidad.
El circuito atraviesa unos 112 kilómetros de extraordinaria belleza natural, enlazando los lagos Machónico, Falkner, Villarino, Escondido, Correntoso, Espejo y Nahuel Huapi. En ese escenario privilegiado, protegido por los parques nacionales Lanín y Nahuel Huapi, la capilla aparece integrada de manera armónica al entorno, como si hubiera nacido entre las piedras, los cipreses y las lengas que la rodean.
Su autor fue el prestigioso arquitecto Alejandro Bustillo, uno de los máximos referentes de la arquitectura argentina del siglo XX y responsable de obras emblemáticas de la Patagonia. La Capilla San Huberto fue construida durante la década de 1950 por encargo de la familia Larminat, propietaria de la estancia donde se encuentra emplazada, como homenaje a un ser querido.
Bustillo desarrolló una arquitectura profundamente vinculada al paisaje cordillerano. En esta obra recurrió nuevamente a los materiales característicos de la región: muros de piedra, techos de tejuelas y detalles en madera de ciprés, logrando una construcción de inspiración alpina que transmite calidez y sencillez sin perder elegancia. Esa combinación convierte a la capilla en uno de los ejemplos más representativos de la arquitectura patagónica.
La dedicación a San Huberto también guarda una estrecha relación con el territorio. Considerado el patrono de los cazadores, su figura remite a una tradición profundamente ligada a la vida en la naturaleza y a las actividades rurales que históricamente formaron parte de la identidad de la Patagonia.
Más que un templo de grandes ceremonias, San Huberto es un espacio de contemplación. Su carácter privado le otorga un aire de intimidad que potencia el encanto del lugar. Quienes llegan hasta allí suelen detenerse para admirar su arquitectura, tomar fotografías o simplemente disfrutar del silencio que ofrecen el bosque y la montaña.
La belleza de la capilla radica también en su perfecta integración con el paisaje. Durante el invierno, la nieve realza la textura de la piedra y la madera, mientras que en primavera y verano el verde intenso del bosque la convierte en una de las imágenes más fotografiadas del recorrido. En otoño, los tonos ocres y rojizos del follaje completan una escena que parece salida de una pintura.
La obra de Bustillo dejó otra huella imborrable en el sur neuquino con la Capilla Nuestra Señora de la Asunción, en Villa La Angostura, inaugurada el 11 de noviembre de 1938. Al igual que San Huberto, comparte el uso de materiales nobles y una concepción arquitectónica que dialoga respetuosamente con el paisaje cordillerano, consolidando un legado patrimonial que hoy forma parte de la identidad turística de la región.
Para quienes recorren la Ruta de los Siete Lagos sin apuro, la Capilla San Huberto representa mucho más que una breve parada. Es un rincón donde la arquitectura, la historia, la naturaleza y la fe se encuentran para regalar una de las postales más memorables del sur neuquino, recordando que, muchas veces, los mayores tesoros del viaje aparecen en los pequeños desvíos que invitan a detenerse y contemplar.
Un viaje inolvidable por el corazón de la cordillera neuquina
La Ruta de los Siete Lagos es mucho más que un camino que une San Martín de los Andes con Villa La Angostura. Sus 112 kilómetros sobre la Ruta Nacional 40 atraviesan algunos de los paisajes más espectaculares de la Patagonia, entre bosques nativos, montañas y lagos de aguas transparentes que convierten cada parada en una postal.
El recorrido conecta los lagos Machónico, Falkner, Villarino, Escondido, Correntoso, Espejo y Nahuel Huapi, además de vincular localidades como Junín de los Andes, Villa Traful, Villa Lago Meliquina y Piedra del Águila. Protegido por los parques nacionales Lanín y Nahuel Huapi, este corredor turístico puede disfrutarse durante todo el año y ofrece una experiencia diferente en cada estación.
Quienes inician el viaje desde San Martín de los Andes encuentran, apenas comenzado el recorrido, atractivos como Playa Catritre, el acceso a Villa Quila Quina y las vistas hacia el valle del Pil Pil. Más adelante aparece el singular Arroyo Partido, cuyas aguas se dividen entre las cuencas del océano Atlántico y el Pacífico, un fenómeno único en la región.
Entre los puntos más visitados se destacan el lago Hermoso, la cascada Vullignanco, los lagos Falkner y Villarino, ideales para el descanso, el senderismo y la pesca deportiva, además del acceso a Villa Traful y la cascada Ñivinco, uno de los rincones más fotografiados del circuito.
En el tramo final, los lagos Espejo y Correntoso anticipan la llegada al imponente Nahuel Huapi y a Villa La Angostura, donde finaliza este recorrido que combina naturaleza, aventura y tranquilidad.
A lo largo del trayecto hay hosterías, campings, miradores y servicios para los viajeros, aunque el mayor atractivo sigue siendo el paisaje. La Ruta de los Siete Lagos invita a bajar la velocidad, detenerse en cada mirador y disfrutar de una experiencia que revela, kilómetro a kilómetro, la esencia de la cordillera neuquina.