2026-04-19

Neuquén Financia

La historia de Valeria y una segunda oportunidad que ya florece en Neuquén

Después de 17 años atravesada por las adicciones, la pérdida y la situación de calle, Valeria Carrasco reconstruyó su vida a través de la fe, el trabajo y el acompañamiento del Estado. Hoy, junto con su familia, lleva adelante su propio emprendimiento: el vivero “La Samaritana”, un proyecto consolidado que es símbolo de dignidad recuperada y futuro posible.

Durante 17 años, Valeria Carrasco estuvo atrapada en el consumo. La adicción la llevó a perderlo todo: su familia, su estabilidad y hasta su hogar. Llegó a estar en situación de calle. “Perdí mi dignidad… perdí todo por la droga”, recuerda hoy, con la serenidad de quien atravesó la oscuridad y logró salir.

El punto de inflexión llegó en una iglesia. Allí, asegura, encontró una nueva oportunidad. “Gracias a Dios fui rescatada de esa vida. Ahí empecé a pensar en trabajar, en cambiar. Tengo dos hijos y quería dejar atrás la noche y empezar una vida con responsabilidades”, cuenta.

El camino de reconstrucción no fue inmediato ni sencillo. Durante mucho tiempo vendió en la calle, intentando sostener a su familia. Hasta que un día, en el Centro de Promoción Comunitaria de Gregorio Álvarez, escuchó hablar sobre la línea de apoyo para emprendedores Impulso al Autoempleo Neuquino, del programa Neuquén Financia. Se acercó, preguntó, dudó… pero avanzó.

“Al principio pensaba que algo tan bueno no podía ser para mí. Pero fui dando cada paso que me pedían, confiando en Dios y confiando también en quienes me acompañaban”, relata.

“La Samaritana”, un proyecto que creció y echó raíces

Hoy, su emprendimiento “La Samaritana” no solo es una realidad, sino un vivero en funcionamiento que crece día a día. Más que una actividad económica, representa una transformación profunda.

“Es la primera vez que tengo un emprendimiento propio y familiar. Es mi oportunidad de reinsertarme en el trabajo formal y digno. Es un nuevo comienzo que ya está en marcha”, afirma.

El proyecto lo lleva adelante junto con su esposo y sus dos hijos. Juntos trabajan de manera artesanal: preparan la tierra, fertilizan y producen sus propias plantas. Con el crédito recibido, pudieron incorporar herramientas, mejorar la producción y organizar su espacio de trabajo en casa, donde hoy funciona el vivero. “No teníamos ni un taladro. Trabajábamos con clavo y martillo”, recuerda.

Aromáticas, cactus, suculentas, flores, plantas de interior y frutales forman parte de su propuesta. El vivero no solo creció: se consolidó como una fuente de ingresos y un proyecto familiar con proyección.

Además, a través de Emplea Neuquén, Valeria accedió a capacitaciones destinadas a emprendedores, con formación en costos, marketing y formulación de proyectos, junto con mentorías que le permiten seguir fortaleciendo su emprendimiento en el tiempo.

Porque el objetivo no es solo iniciar, sino sostener, crecer y generar trabajo genuino.

Pero cuando habla de esta oportunidad, Valeria no pone el foco solamente en lo económico.

“No fue solo el crédito. Fue el trato. Muchas veces venía sin un peso a las reuniones y siempre había un café, un turrón para mis nenes. Me trataron como si me conocieran de toda la vida. Eso no me lo olvido más”, dice emocionada.

Para Valeria, el acompañamiento del Estado fue determinante: “Es la mejor forma de salir adelante. No solamente como emprendedora, sino como provincia. Es una manera de dejar de depender de planes sociales y poder trabajar dignamente”.

Siente, sobre todo, que confiaron en ella: “Me confiaron esta posibilidad, a pesar de saber de dónde venía. Confiaron en mí”. Esa confianza fue el impulso final para animarse a creer que podía cambiar su historia.

Hoy, Valeria no habla desde el dolor, sino desde la gratitud: “Más que orgullo, siento agradecimiento. A Dios y a la vida, que ha sido buena conmigo”.

De la oscuridad a la reconstrucción. De la adicción y la pérdida, a la fe, el trabajo y la dignidad recuperada.

En su casa, donde ya funciona su vivero, florecen mucho más que plantas. Florece una historia de esfuerzo sostenido, un proyecto familiar en crecimiento y la certeza de que, cuando hay acompañamiento y decisión, no solo es posible empezar de nuevo: también es posible sostenerlo y hacerlo crecer.

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