Vendimia Neuquina 2026
Carlos, el trabajador de chacra que combina esfuerzo y sabiduría
En la zona rural de la confluencia de la ciudad de Neuquén, entre hileras de vides que hoy anuncian vendimia, Carlos Parra recorre cada mañana las hectáreas de la Bodega Mabellini Wines con la familiaridad de quien conoce el campo desde siempre. A punto de cumplir 65 años, su historia está atravesada por el trabajo en la chacra y por un oficio que combina paciencia, esfuerzo y conocimiento transmitido desde la infancia.
Oscar trabaja en el lugar desde 2011. “Ya son casi 15 años”, cuenta mientras repasa cómo fue cambiando el paisaje productivo del predio. Antes de que las vides ocuparan el terreno, allí crecían plantaciones de pera, manzana y ciruela. Hace alrededor de ocho años comenzó la reconversión hacia el viñedo, y desde entonces el trabajo cotidiano adquirió nuevos ritmos ligados al ciclo de la uva.
Su vínculo con las tareas rurales comenzó mucho antes. De chico vivía en la zona de chacras en el Alto Valle, donde el trabajo con la tierra formaba parte de la vida diaria. “Nosotros ya cosechábamos y podábamos”, recuerda. Aquellas primeras experiencias hoy se traducen en un conocimiento práctico que aplica cada jornada en el viñedo.
El día de trabajo empieza temprano. Junto a otros compañeros, Carlos cumple una rutina que se repite a lo largo del año: de 8 a 12 y de 14 a 18. Maneja el tractor, riega las plantas y se ocupa de múltiples tareas junto a un amplio equipo conformado por jóvenes neuquinos que permite que el viñedo crezca en condiciones. En tiempos de vendimia, la actividad se intensifica, pero el calendario del campo nunca se detiene.
Cuando termina la cosecha, comienza una nueva etapa. “Primero desbrozamos, pasamos la rastra de discos y después esperamos la poda”, explica. Esa tarea se realiza generalmente en los primeros días de junio y puede extenderse durante casi dos meses. Mientras tanto, también se tensan alambres, se reemplazan postes dañados y se acomodan las estructuras del viñedo para la próxima temporada.
Luego llega la brotación, uno de los momentos más esperados del ciclo productivo. En esa etapa se retiran los brotes de la parte baja de la planta y se levantan los móviles que sostienen las vides. Con el crecimiento de las plantas, el trabajo continúa envolviendo los sarmientos para guiar su desarrollo.
El paso de las estaciones va marcando el ritmo del trabajo, y Carlos ha aprendido a leer esos tiempos con la tranquilidad de quien lleva décadas vinculado al campo. Entre poda, riego y cosecha, también hay espacio para disfrutar el resultado final.
Cuando se le pregunta por los vinos de la bodega, no duda en responder con una sonrisa: “El que más probé fue el Blend de Blancas”.
Así, entre el sonido del tractor, el aroma de la tierra húmeda y las hileras de viñedos que hoy forman parte del paisaje productivo neuquino, Carlos Parra sigue trabajando cada día como lo hizo desde joven: con dedicación silenciosa y con la certeza de que detrás de cada botella también hay historias de campo y de vida.