Juegos Binacionales de la Araucanía
Tres décadas después, un campeón de la Araucanía volvió como hincha para alentar a sus hijas
Los Juegos Binacionales de la Araucanía albergan ricas historias que merecen ser contadas porque también conforman el legado que sus protagonistas van sembrando en su recorrido. Es el caso de Mario Sepúlveda, campeón en 1994 con la Selección de Básquetbol de Neuquén, y sus dos hijas, Charo y Juana, que 32 años después reviven juntos, en familia, aquellas mismas sensaciones: las de ser parte de un seleccionado provincial y representar con orgullo a su provincia.
“El Señor de los Ascensos”, como se lo reconoce en el mundo del básquetbol a Mario por haber conseguido cinco ascensos a la Liga Nacional consecutivos con clubes diferentes (El Nacional, Olímpico, Unión de Sunchales, Quilmes e Hispano Americano), comenzó a ser parte de los seleccionados de Neuquén en aquel campeonato que el “verde” logró en Concepción, Chile.
Luego tuvo otros logros con la Selección de Mayores, ganando el Campeonato Argentino de Selección en 1995 y en el 2017.
Hoy una de sus hijas, Charo, sigue los pasos de su padre en el básquetbol y con apenas 15 años debutó con la camiseta del seleccionado provincial en la 33° edición de los Juegos Binacionales de la Araucanía que se disputaron en Valdivia en la Región de los Ríos.
Pero la alegría es doble para la familia Sepúlveda porque otra de sus hijas, Juana, también es integrante de la selección neuquina, pero en otra disciplina, el fútbol, señal inequívoca de cómo entienden en el seno familiar la práctica del deporte.
“Nosotros creemos que es algo que debe fluir naturalmente. Cuando con Nati (su esposa) creíamos que nuestras hijas tenían que realizar una actividad física, nunca se les dijo qué deporte tenían que hacer. Fue algo que ellas decidieron solas y después de haber practicado otras actividades, terminaron eligiendo lo que hacen actualmente y nosotros disfrutando muchísimo. Por eso verlas involucradas de esta manera nos llena de orgullo”, destacó Mario.
Y así lo entienden sus hijas también. Porque para Juana, que afronta su tercera Araucanía con la selección de fútbol, esta es también una experiencia única e inolvidable.
“El primer partido lo viví con muchos nervios. Sentí que me costó un montón”, confesó. “Es que venía de una lesión y era mi primer partido después de dos meses. También se juntaba el orgullo de ser la capitana del equipo; sumando a que esta es mi última Araucanía y la posibilidad de compartirla con Charo y mis papás en las tribunas. Fueron muchas cosas las que me atravesaron en esos momentos”, resaltó.
Una experiencia que tocó con similares picos de sensaciones a su hermana Charo, quien contó que vivió el torneo de la misma manera.
“Para mí fue un momento único. Tengo 15 años. Esta es mi primera Araucanía y vivirlo con ellos (la familia) es algo muy loco. Además, me tocó un hermoso grupo con el que venimos trabajando hace un año. Estoy muy contenta con esta experiencia”, resaltó.
Con mucho orgullo, Mario recalcó: “mis hijas me acompañaron en muchos momentos de mi carrera profesional y participaron también de decisiones importantes. Verlas hoy aplicando en la cancha todas esas experiencias que hemos vivido me llenan de orgullo”.
“Si bien somos gente del deporte, amamos el deporte y vamos detrás del deporte, este es un momento muy especial en una competencia como la Araucanía que me marcó a mí también, ya que fue primera experiencia con la selección de Neuquén. Por eso poder disfrutarlo hoy como padre e hincha me pone muy feliz”, afirmó.
Hoy soy un papá orgulloso que se siente un poco intruso porque ellas son las protagonistas”, agregó con humildad, y a la hora de precisar qué virtudes tienen sus “herederas”, destaca la “manera de comunicar a sus compañeras que tiene Juana y de observación que posee Charo. De pronto está callada observando y cuando puede, mete el bocado con su impronta. No es algo que hayamos hablado ni impuesto. Quizás son cosas que ellas han absorbido de verme”, explicó.
Al momento de trazar semejanzas con su padre, Charo afirmó que heredó “la mentalidad de juego. Esto lo saqué de papá”. Pero también valoró el rol materno. “También mamá nos aporta un montón. Son dos padres geniales”.
Coincide Juana en esta impresión. “Yo veo que soy una combinación de los dos porque ambos se complementan bien. Nos han inculcado muchas cosas. La constancia, la disciplina, la responsabilidad y el compromiso son cosas que nos aportan los dos”.
También para ambas es un privilegio vestir la casaca de Neuquén. “El sentido de pertenencia es enorme. Siento un gran orgullo de poder ser parte de la Selección y compartir experiencias”, dijo Juana.
“Yo estoy muy orgullosa y contenta con la Selección, de mí misma y de poder compartir este torneo con Juana”, expresó Charo.
“Siempre les recalcamos a nuestras hijas que puedan disfrutar todo lo que se pueda porque en ese sentido el deporte en un montón de cuestiones es ingrato porque los premios, las gratificaciones vienen mucho más adelante. Hoy yo veo que ellas están haciendo un esfuerzo tremendo, casi a la par mío cuando era jugador profesional, sin saber si van a llegar a serlo”, explicó Mario.
Y concluyó: “en este sentido creo que la apuesta es mucho más grande para ellas y en ese lugar nos paramos como padres para acompañarlas y brindarles todas las herramientas posibles, pero sabiendo siempre que la decisión final, las tienen ellas”.
Hoy, 32 años después de aquella consagración en Concepción, Mario volvió a vivir la Araucanía desde otro lugar. Ya no con la camiseta de Neuquén puesta ni con la responsabilidad de defender los colores dentro de la cancha, sino desde la tribuna, alentando a sus hijas y compartiendo con ellas una experiencia que alguna vez también fue propia.
El escenario cambió, los protagonistas se multiplicaron y las generaciones tomaron la posta, pero hay algo que permanece intacto: el orgullo de representar a Neuquén. Porque, a veces, el mejor legado que puede dejar el deporte no está en los títulos ni en los ascensos, sino en esas historias que continúan escribiéndose en familia.