2026-10-12

Profesional del Hospital Heller

El dr. Marcelo Sotomayor: 31 años entre la pediatría y la docencia

Nació prematuro, con apenas 1,1 kilos, y desde chico supo que quería ser médico. Hoy, después de más de tres décadas en el sistema público, es uno de los referentes de Pediatría del Hospital Heller. Fue parte de la primera camada de profesionales de la institución y es el único de aquel grupo que aún permanece en el sistema público. Docente, formador y pediatra, todavía realiza guardias y acompaña a residentes que alguna vez fueron sus estudiantes en la universidad.

Hay una historia personal que Marcelo Sotomayor cuenta cada vez que puede y que, de alguna manera, explica buena parte de su vida profesional. Nació prematuro en 1966, en el Hospital Castro Rendón, con apenas 1,1 kilos de peso. La historia clínica de aquel nacimiento se perdió cuando una inundación afectó los archivos del hospital y nunca pudo conocerse con precisión su edad gestacional. Su madre decía que había nacido a los seis meses.

“De ahí viene también mi amor por la medicina. Desde chico lo único que quería era ser médico y quería ser pediatra”, cuenta. Aquella experiencia temprana terminó convirtiéndose, muchos años después, en una vocación que lleva 31 años ejerciendo como especialista.

Sotomayor estudió Medicina en la Facultad de Medicina de La Plata y regresó a Neuquén para realizar la residencia de Pediatría en el Hospital Castro Rendón. Ingresó en 1995 y, después de completar su formación, pasó seis meses realizando guardias hasta presentarse al concurso que le permitió ingresar al Hospital Heller.

La llegada al Heller significó participar de una historia que recién comenzaba. El hospital se estaba organizando prácticamente desde cero y el equipo comenzó a trabajar desde mediados de enero, antes de la inauguración oficial. Había que poner en funcionamiento equipamiento, organizar los servicios, resolver problemas de infraestructura y realizar pruebas antes de recibir a los primeros pacientes.

“Hubo que hacer pruebas piloto y resolver un montón de problemas iniciales, desde la luz hasta el teléfono. Son cosas que parecen pequeñas, pero eran importantes”, recuerda.

La inauguración oficial, prevista para el 19 de marzo, estuvo atravesada por una manifestación que terminó en una situación violenta. Hubo heridos y la guardia del hospital tuvo que atenderlos. Dos días después, el equipo realizó su propia inauguración interna. A fines de marzo llegó otro momento fundacional: el nacimiento del primer bebé atendido en la institución.

Desde entonces, Sotomayor fue testigo del crecimiento y de las transformaciones del Heller. También de los cambios sociales y sanitarios que atravesaron a la población infantil. La maternidad llegó a registrar entre 1.200 y 1.300 partos anuales hacia fines de la década del 90 y comienzos de los 2000, cuando era la de mayor actividad de la provincia. Actualmente ronda los 800 nacimientos anuales, una disminución que el pediatra relaciona con el descenso general de la natalidad.

Pero su historia en el Heller no se limita a la atención de pacientes. Desde comienzos de los años 2000 incorporó otra dimensión que terminó siendo central en su carrera: la docencia. Fue instructor de las residencias de Medicina General y Pediatría y comenzó a desempeñarse como docente de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional del Comahue. También participa en la Práctica Final Obligatoria, acompañando a estudiantes durante su último tramo de formación.

La residencia de Pediatría del Heller comenzó en 2017 y, desde entonces, la relación entre el hospital y la universidad se profundizó. Cerca del 80 por ciento de los residentes provienen de la Universidad Nacional del Comahue y alrededor del 90 por ciento del equipo médico pediátrico de dedicación completa es egresado de esa institución.

Muchos de esos profesionales fueron primero sus estudiantes y después se convirtieron en compañeros de trabajo.

“Trabajar con gente con la que ya veníamos trabajando junto con otros compañeros de la facultad y tenerlos ahora como médicos de planta en el hospital, además de contar con residentes que hemos formado y que se han quedado acá, es un orgullo enorme y genera mucha emoción”, expresa.

Sotomayor pertenece a la primera camada de pediatras que llegó al Heller. De aquellos profesionales, es el único que continúa vinculado al sistema público. Algunos se jubilaron, otros pasaron al sector privado y otros siguieron distintos caminos. Él eligió quedarse.

“La docencia y la actividad hospitalaria están muy relacionadas. Por eso me quedé en este hospital”, explica.

También valora el clima de trabajo y el acompañamiento institucional que encontró durante todos estos años. “Tener un equipo de trabajo en el que confío plenamente y trabajar en un clima muy agradable es algo que valoro mucho”, señala.

Su día comienza temprano. Aunque formalmente ingresa más tarde, suele llegar al hospital a las 7:30. Camina, prepara actividades de la facultad, revisa información y se toma unos mates antes del pase de sala de las 8:30. Allí se repasan las novedades de la guardia, los nuevos ingresos y las situaciones que requieren atención.

Después llega el momento de recorrer a los pacientes internados, acompañado por residentes y estudiantes. Por la tarde, la actividad se divide entre la internación y la atención ambulatoria, incluidos los controles de niños sanos. Y todavía hay guardias: actualmente realiza una por semana.

La exigencia de la profesión se vuelve especialmente difícil cuando se trata de una pérdida. “Creo que lo más difícil, no solamente para mí sino para cualquier pediatra, es la muerte de un niño. Siempre pesa terriblemente”, afirma. Acompañar a una familia en ese momento y, después, continuar atendiendo otras situaciones de emergencia es una de las experiencias más duras de la profesión.

También están las situaciones de violencia y abuso infantil. Para atravesarlas, dice, resultan fundamentales el equipo y el compañerismo. Los pases de sala permiten compartir lo sucedido y elaborar colectivamente las situaciones más difíciles.

A pesar de las exigencias, Sotomayor se define como un apasionado de su profesión. “Uno elige esta profesión y yo soy feliz con esto porque tuve la posibilidad de elegir algo que me gusta y vivir de eso, algo que no todo el mundo tiene”, sostiene.

Está próximo a jubilarse. Ya debería haberlo hecho en julio, pero decidió quedarse hasta enero. La decisión, lejos de producirle alivio, le genera cierta resistencia. “Todavía me cuesta decirlo”, reconoce. Después de una vida dedicada al hospital, dejarlo no resulta sencillo.

Las guardias forman parte de ese recorrido. Cuando comenzó llegó a realizar entre seis y diez por mes; hoy hace cuatro. Calcula que, acumuladas durante tres décadas, equivalen a unos cuatro años de vida dentro del hospital. Un esfuerzo que también alcanzó a su familia.

“Es un sacrificio para la familia. Pero tuve siempre el apoyo de mi familia y eso también hizo posible que pudiera dedicarme a esta profesión durante tantos años”, reconoce.

Fuera del hospital y de la universidad encuentra otra forma de equilibrio. Le gusta especialmente el jazz y disfruta de todo evento musical al que pueda asistir. También practica trekking, senderismo y montañismo. Forma parte de un club de montaña y espera, cuando llegue el momento de retirarse, dedicarle más tiempo a esa actividad.

“La actividad al aire libre compensa bastante las horas de hospital y las guardias”, explica.

Así transcurren sus días: entre pacientes, estudiantes, residentes, pases de sala, guardias, clases y montañas. Su historia está ligada a la del Hospital Heller desde sus comienzos y también a varias generaciones de profesionales que ayudó a formar. Incluso cuando llegue el momento de dejar las guardias y la rutina hospitalaria, una parte de su recorrido permanecerá allí, en los médicos que fueron sus alumnos y hoy atienden a sus propios pacientes.

Orientación pediátrica y prevención

La experiencia acumulada también se traduce en recomendaciones sencillas para las familias. Para Sotomayor, la tarea pediátrica no empieza cuando aparece una enfermedad, sino mucho antes, a través de la promoción de la salud y la prevención.

“La lactancia materna exclusiva hasta los seis meses” continúa siendo una de las principales recomendaciones, junto con la prevención de accidentes domésticos, especialmente quemaduras y caídas. También advierte sobre el uso temprano de pantallas. “Las pantallas hasta los cuatro años no deberían utilizarse y después hay que supervisar y establecer tiempos limitados”, sostiene.

En tres décadas también cambió el perfil de los problemas de salud infantil. Cuando comenzó a trabajar, la desnutrición era una de las principales preocupaciones. Actualmente, la obesidad ocupa un lugar central. A esto se suman situaciones vinculadas con el consumo de sustancias durante el embarazo y sus consecuencias en recién nacidos y niños, una problemática que también se relaciona con la salud mental.

Para el pediatra, las vacunas siguen siendo una herramienta fundamental de protección. Enfermedades que antes eran frecuentes, como el sarampión o la varicela, hoy se observan mucho menos gracias a la inmunización. Por eso recomienda mantener los esquemas completos y consultar ante cualquier duda.

“Mi recomendación es que las familias tengan las vacunas al día. Además, son gratuitas. Y si tienen dudas, que se informen bien y consulten con nosotros o con otros profesionales de la salud”, señala.

También llama la atención sobre la información que circula en redes sociales, especialmente aquella relacionada con la crianza. Lactancia, cuidados del recién nacido, protección solar y otros temas aparecen diariamente en internet, pero no siempre con respaldo profesional.

“Lo importante es consultar siempre. Que no se queden con la duda y que no se dejen llevar solamente por la información que reciben”, aconseja.

Entre las prácticas que desaconseja está el uso del andador. En su lugar propone que los niños puedan desplazarse en espacios seguros, jugar, salir a la plaza y explorar. También recuerda que no es necesario colocar monedas ni cintas sobre el ombligo cuando aparece una hernia umbilical: “En más del 90 por ciento de los casos se resuelve sola con el tiempo”.

Después de 31 años como pediatra, Sotomayor continúa mirando su profesión con la misma convicción que lo llevó a elegirla cuando era chico. La diferencia es que ahora, además de atender a sus pacientes, transmite su experiencia a quienes están empezando. Es médico, docente, padre de familia y compañero. Y aunque sabe que el próximo enero marcará una nueva etapa, reconoce que abandonar el Heller no será sencillo.

“Me considero una persona apasionada con mi profesión”, dice. Una frase que resume una vida construida entre la medicina, la enseñanza y un hospital que ayudó a poner en marcha desde sus primeros días.

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