2026-08-11

Prestadores 

Juan Manuel Girini, el hombre que encontró en las aves una manera de contar Aluminé

Biólogo, doctor en Ciencias Naturales y observador de aves, Juan Manuel Girini convirtió su conocimiento y su pasión por la naturaleza en una experiencia turística que invita a descubrir Aluminé desde otra perspectiva. Habilitado como prestador de la Provincia con Aluminé Birding - Avistaje de aves y observación de naturaleza, acompaña a visitantes por bosques de pehuenes y paisajes cordilleranos, con una premisa sencilla pero profunda: conocer para valorar y conservar.

Hay lugares a los que uno llega y otros a los que, de alguna manera, siempre termina volviendo. Para Juan Manuel Girini, Aluminé es de esos sitios. 

Nació en Mendoza en la década del ´80, pero apenas tenía un año cuando sus padres, ambos docentes, se trasladaron a Aluminé para vivir y trabajar. Allí transcurrió buena parte de su infancia y adolescencia, hasta que llegó el momento de partir para estudiar Biología en La Plata. 

La distancia, sin embargo, nunca significó desconexión. Mientras avanzaba en su formación universitaria, crecía también el deseo de regresar a la Patagonia y, especialmente, a Neuquén. Después de completar su carrera de grado realizó un posgrado en el que investigó el impacto del visón americano sobre las aves del Parque Nacional Lanín. 

Con el tiempo, la investigación científica, la educación y la conservación fueron marcando su camino. Y después de doctorarse, finalmente regresó a Aluminé para instalarse definitivamente. 

El turismo apareció después, casi como una consecuencia natural de todo ese recorrido. Hoy lleva adelante “Aluminé Birding - Avistaje de aves y observación de naturaleza”.  

“No siempre pensé en dedicarme al turismo. Antes pensaba en dedicarme a la educación, la investigación científica y la conservación de la naturaleza”, cuenta. Para Girini, el turismo es una actividad económica que puede convivir con esas vocaciones y convertirse, también, en una herramienta para acercar a las personas al patrimonio natural y cultural. 

Una señal con alas 

Su proyecto como prestador de observación de aves no nació de un día para otro. Se fue construyendo lentamente, a partir de experiencias que fueron despertando una certeza. Durante años recibió a visitantes, instituciones educativas y amigos para guiarlos por la Reserva Natural Urbana Quilque Lil. Descubrió que compartir sus conocimientos sobre la naturaleza no sólo era posible: también lo disfrutaba. Pero hubo una escena que todavía recuerda como un momento decisivo: en 2021, acompañaba a un grupo de observadores de aves extranjeros cuando se produjo un intercambio entre una pareja estadounidense y una pareja mapuche. Juan Manuel fue testigo y facilitador de ese diálogo entre culturas diferentes, mientras el paisaje de Aluminé hacía de escenario.

“Estaba conmovido por el paisaje y la comunicación entre dos culturas diferentes”, recuerda. Y entonces ocurrió algo inesperado. Una torcaza ala blanca (Zenaida meloda) se acercó volando y se posó sobre el automóvil, a menos de un metro de donde él estaba. Una situación poco habitual que, en ese momento de profunda emoción, interpretó como una señal. “Sentí que era una señal de la naturaleza y debía prestarle atención a la idea de guiar”, relata. Dos años después, cuando se quedó sin trabajo, decidió avanzar. Reunió la documentación, realizó los trámites y comenzó el camino para habilitarse como prestador turístico. Hoy, ese proyecto es una realidad.  

Aluminé, un territorio para descubrir

Para Girini, la singularidad de Aluminé está en la posibilidad de encontrar, en un mismo territorio, algunos de los elementos más representativos de la identidad natural y cultural neuquina. “Aluminé es uno de los pocos lugares de Argentina donde se puede encontrar al carpintero gigante, el pehuén y el pueblo mapuche conviviendo en un mismo territorio”, explica. Los bosques de pehuén (Araucaria araucana) constituyen uno de los grandes tesoros naturales de la zona. Para el pueblo mapuche, el árbol tiene un profundo significado cultural y, desde el punto de vista ecológico, es una especie fundamental de estos bosques cordilleranos. 

Entre sus habitantes aparece una de las aves más buscadas por quienes practican la observación de aves en la Patagonia: el carpintero gigante (Campephilus magellanicus). 

Para Juan Manuel, observar un ejemplar de esta especie en un bosque de pehuenes es una experiencia difícil de encontrar en otros lugares del país. 

Pero la propuesta no se limita a mirar aves. Su objetivo es que quienes llegan puedan comprender la diversidad biológica del territorio y acercarse también a la relación entre naturaleza, cultura y comunidad. “Busco que el visitante descubra y comprenda la diversidad biológica de Aluminé”, resume.

La emoción está en los detalles 

Hay paisajes y momentos que todavía logran sorprenderlo, pese a los años que lleva recorriendo y estudiando la naturaleza. Menciona el Farallón y el cerro Impodi, sobre la ruta provincial 11, entre los lagos Ñorquinco y Moquehue. Y también escenas mucho más pequeñas: un carpintero gigante macho sobre el tronco de un pehuén durante la mañana o un chinchillón sentado sobre las rocas, aprovechando los últimos rayos de sol del atardecer. Es allí donde su mirada de científico se encuentra con la del guía.

Más de 20 años observando naturaleza y aves, una licenciatura en Biología, un doctorado en Ciencias Naturales y más de una década de formación académica especializada se combinan con una pasión que, según cuenta, los visitantes reconocen rápidamente. “Lo que más valoran los turistas es la pasión o ‘la manija’ por observar la naturaleza”, dice entre risas.

Actualmente trabaja solo y ofrece experiencias de observación de aves y de flora y fauna. Su diferencial, asegura, está justamente en su recorrido: no proviene originalmente del turismo, sino de la investigación científica y la conservación.

Turismo para conocer y cuidar 

La actividad turística en Aluminé también cambió en los últimos años. Girini observa un crecimiento de la infraestructura pública y privada, mejoras en conectividad y rutas, una mayor oferta de actividades y experiencias y la incorporación de nuevos espacios, como la Reserva Natural Urbana Quilque Lil y el Museo “El Charrúa”. A la par, identifica una demanda cada vez mayor por experiencias auténticas y personalizadas en contacto con la naturaleza, así como un interés creciente por el llamado turismo del conocimiento, tanto educativo como científico. En ese contexto, entiende que el crecimiento turístico debe ir acompañado por responsabilidad ambiental. 

Las mejoras en infraestructura permiten reducir el deterioro de los vehículos durante los recorridos, atraer visitantes, generar demanda y abrir la posibilidad de nuevas propuestas. Pero también plantean un desafío: que ese crecimiento no termine afectando aquello que justamente se busca mostrar.  

“Espero que las mejoras en infraestructura, y el incremento en la cantidad de visitantes, no impacten negativamente en los ríos, los bosques y las montañas con contaminación o incendios”, señala. Su mirada parte de una convicción: la naturaleza y la cultura son un patrimonio común que puede convertirse en una oportunidad sin necesidad de destruirlo. 

Un proyecto que recién comienza 

El camino de Girini como prestador todavía está dando sus primeros pasos. Incluso reconoce que los trámites administrativos fueron, en algunos momentos, una fuente de desánimo. También hubo que asumir riesgos económicos y la responsabilidad de garantizar una experiencia segura y satisfactoria para quienes participan de sus recorridos. Durante el proceso de habilitación contó con el acompañamiento de la subsecretaría de Turismo de la Municipalidad de Aluminé. Para él, tener reglas claras y acompañamiento institucional significa, ante todo, tranquilidad: saber que existen oportunidades transparentes y apoyo, pero también obligaciones que cumplir.

Ahora mira hacia adelante. Sueña con asociarse con otros prestadores turísticos, comunidades del Pueblo Mapuche y estancieros. También imagina ampliar sus recorridos hacia otros puntos de Neuquén, especialmente el centro y norte de la provincia, territorios que considera de enorme potencial para el turismo científico. Mientras tanto, continúa caminando los bosques, observando las aves y compartiendo aquello que aprendió durante décadas. Porque quizás ahí esté la esencia de su propuesta: no se trata solamente de mostrar un ave, identificar una especie o atravesar un paisaje. Se trata de aprender a mirar. 

Y cuando uno aprende a mirar, también empieza a comprender por qué vale la pena cuidar. “Si sentís que Neuquén es ‘tu casa’, y deseas compartir ‘lo propio’ con las personas que nos visitan, vale la pena apostar al turismo”, afirma. En Aluminé, Juan Manuel encontró una manera de hacerlo: con una guía en la mano, el conocimiento de un científico y la curiosidad intacta de quien todavía puede emocionarse cuando un ave decide acercarse un poco más. 

Juan Manuel se encuentra en redes sociales - Instagram y Facebook-, como Aluminé Birding - Avistaje de aves y observación de naturaleza.

 

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