Día Mundial del Medio Ambiente
Florencia Fagini, guardaparque: “La educación ambiental tiene un enorme poder transformador”
Hay personas que encuentran en la naturaleza un lugar para descansar. Otras, un paisaje para admirar. Para Florencia Melisa Fagini, en cambio, la naturaleza es mucho más que eso: es una pasión que la acompaña desde la infancia y que hoy se transformó en una forma de vida.
Guardaparque de las Áreas Naturales Protegidas Batea Mahuida y Chañy, en Villa Pehuenia, Florencia integra desde 2023 el Sistema Provincial de Áreas Naturales Protegidas de Neuquén. Cada jornada la encuentra recorriendo senderos, monitoreando fauna, restaurando ambientes degradados, brindando charlas educativas o realizando tareas de control y vigilancia. Un trabajo tan diverso como el territorio que protege.
“Siempre sentí una enorme curiosidad por los animales y una necesidad profunda de estar al aire libre. Con el tiempo entendí que no quería ser una simple espectadora de la naturaleza, sino participar activamente en su cuidado”, cuenta.
Ese deseo la llevó a convertirse en guardaparque y a cumplir un sueño que hoy desarrolla entre bosques de pehuenes, lagunas de montaña y paisajes que forman parte de uno de los patrimonios naturales más valiosos de la provincia.
Florencia define a los guardaparques como la primera línea de defensa de los ecosistemas. Son quienes observan, monitorean y actúan diariamente para que las leyes de conservación se traduzcan en acciones concretas sobre el territorio.
“Somos el nexo entre las políticas de conservación y la realidad que sucede en el campo. Sin la presencia de los guardaparques, muchas de esas políticas quedarían solamente escritas en un papel”, explica.
Su trabajo incluye desde el control de actividades ilegales hasta la recopilación de información científica que permite conocer el estado de conservación de las especies y los ambientes naturales.
El reino del pehuén
Las áreas protegidas donde trabaja fueron creadas principalmente para conservar una especie emblemática de Neuquén: la Araucaria araucana, más conocida como pehuén.
Este árbol milenario, símbolo de la identidad neuquina y de la cultura del pueblo mapuche, comparte el bosque con otras especies características como el ñire, la lenga, el radal y la caña colihue.
Entre la fauna sobresalen habitantes tan singulares como el monito de monte, considerado un verdadero fósil viviente, además del carpintero patagónico, la ranita patagónica, el pato de los torrentes, el pato de anteojos y el chinchillón.
“Cada una de estas especies tiene un valor enorme, ya sea por ser endémica, vulnerable o por el papel que cumple dentro del ecosistema”, señala.
Las amenazas invisibles
Aunque los paisajes de Villa Pehuenia transmiten una sensación de naturaleza intacta, los desafíos para conservarlos son permanentes.
En Batea Mahuida, una de las principales preocupaciones es el tránsito de vehículos 4x4 fuera de los caminos habilitados. El impacto no se limita a las huellas sobre el suelo: las vibraciones, el ruido y la alteración del ambiente afectan directamente a la flora y la fauna.
En Chañy, en cambio, la amenaza más importante tiene nombre propio: visón americano. Esta especie exótica invasora, introducida hace décadas, se ha expandido con rapidez y representa un serio riesgo para la fauna nativa al no contar con depredadores naturales.
Para enfrentar estas problemáticas, el trabajo diario incluye controles, monitoreos, campañas de concientización, colocación de cámaras trampa y trampas de captura destinadas a controlar la presencia de esta especie invasora.
Educar para conservar
Además de proteger el territorio, Florencia considera que una de las tareas más importantes es acercar el conocimiento ambiental a la comunidad.
Las visitas a escuelas, las charlas abiertas y la participación en actividades comunitarias forman parte habitual de su agenda.
“Cuando las personas conocen la historia de una especie o comprenden por qué un ecosistema es importante, desarrollan un sentido de pertenencia y responsabilidad mucho mayor”, asegura.
Para ella, la educación ambiental tiene un enorme poder transformador porque permite que los habitantes se conviertan en los principales aliados de la conservación.
Una mirada hacia el futuro
Los cambios también son visibles en el paisaje. Florencia observa que los períodos de sequía son más prolongados, las nevadas ya no tienen la intensidad de otros años y el crecimiento urbano ejerce cada vez más presión sobre los ambientes naturales.
Estos procesos modifican la disponibilidad de agua, alteran los ecosistemas y obligan a muchas especies a cambiar sus comportamientos o acercarse a zonas pobladas.
Por eso insiste en que las áreas protegidas son mucho más que espacios para visitar. Son reservorios de biodiversidad, refugios para especies vulnerables y una garantía para que las futuras generaciones puedan conocer la naturaleza en su estado más auténtico.
Una pasión que inspira
Ser mujer guardaparque también tiene un significado especial para Florencia. Reconoce que históricamente fue una profesión asociada a los hombres, pero valora la oportunidad de demostrar que el compromiso con la conservación no entiende de géneros.
“Mi vínculo con estos territorios es muy profundo. Siento que Chañy y Batea Mahuida son una extensión de mí misma”, confiesa.
Y quizás sea justamente esa conexión la que explica la dedicación con la que enfrenta cada jornada.
En el Día Mundial del Medio Ambiente, este 5 de junio, su mensaje es simple pero contundente: “La naturaleza de Neuquén no es un recurso inagotable ni un decorado turístico. Es nuestra casa, nuestra identidad y nuestro sustento. El futuro de nuestros bosques, ríos y montañas depende de las decisiones que tomamos todos los días. Cuidar el ambiente es, en definitiva, cuidarnos a nosotros mismos”.