2026-04-22

Prestadores turísticos

Fernando Pretto y la aventura de leer la tierra

Fernando es el primer prestador habilitado en paleoturismo de Neuquén y propone experiencias que combinan ciencia y descubrimiento; entre sus propuestas se destaca “Paleo Kids”, una experiencia pensada para que los más chicos aprendan explorando y jugando.

En la inmensidad de la meseta neuquina, donde el viento parece guardar secretos de millones de años, Fernando Pretto camina con la mirada atenta. No busca paisajes: busca historias. Historias ocultas en piedra.

“Se trata de visitas de interés geológico y paleontológico”, explica, como quien abre la puerta a otro tiempo. “La paleontología y la geología son dos ciencias que tienen que ir de la mano. No se puede interpretar una sin la otra”, asegura.

Pretto es el primer prestador habilitado en paleoturismo de la provincia, una actividad que invita a leer el territorio como un libro antiguo. “La paleontología es, en términos simples, la biología antigua. Son los rastros de la vida que se hicieron roca, que se fosilizaron”, dice.

Y en Neuquén, ese libro está abierto. “Acá es posible acceder a restos paleontológicos de todo tipo: no solo dinosaurios, también huellas, troncos, raíces, hojas, marcas de peces o de cangrejos. Todo lo que alguna vez fue vida y hoy es piedra”.

Sus recorridos transitan escenarios donde el pasado emerge a cada paso. “Generalmente trabajo en los alrededores de El Chocón, toda la margen del lago Ezequiel Ramos Mexía, los cañadones que bajan de la meseta hacia el lago hasta Picún Leufú”, detalla.

Pero su habilitación amplía ese mapa de exploración. Pretto puede operar en la Meseta Norte de Plottier, la meseta del barrio Melipal y Parque Norte en Neuquén capital, el Cañadón Escondido y la Formación Candeleros en Villa El Chocón, además del área China Muerta Norte (Agua del Cajón). Territorios donde la erosión dejó al descubierto huellas de otro mundo.

“Gracias a la erosión hoy podemos ver estos restos. Ocupan gran parte de la superficie de la provincia”, explica, como quien sabe que cada piedra puede ser una pista.

Su camino hacia este oficio no fue lineal, sino guiado por la curiosidad. “Vengo del turismo, pero esto fue una especialización. Empecé de forma autodidacta y después me formé académicamente”.

La pasión, sin embargo, viene de mucho antes. “Tiene que ver con el gusto por la naturaleza, por observar. Hay que tener el ojo entrenado, estar atento a las formas, a los colores, a las texturas”.

Y ese ojo, asegura, también se contagia. “La gente se engancha. Ya viene con un interés inicial, y después está en uno potenciarlo, inflarlo”.

Con los más chicos, esa chispa se convierte en aventura. Pretto detalla: “Trabajo con un producto que llamé Paleo Kids. La diferencia está en la didáctica: uso el juego para que interpreten cómo era la vida de los dinosaurios”, enfatiza.

En esos recorridos, los senderos no son solo caminos, sino escenarios. “Son lugares donde hace millones de años vivieron dinosaurios. Trabajo con réplicas, les hago desenterrarlas, limpiarlas con pinceles. Es una experiencia”.

Pero, en el fondo, hay algo más simple y profundo. “Esto que hago con los chicos es una excusa para jugar… y para jugar en familia”, dice, y confirma que las excursiones “tienen una duración aproximada de entre una hora y media y dos horas, un tiempo pensado para sostener la atención, recorrer los senderos y adentrarse en la experiencia”.

Fernando Pretto no sólo invita a observar el pasado, sino a descubrirlo mediante la experiencia. Una propuesta que promueve interpretar y valorar las historias que la tierra aún oculta en silencio.

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