Cultura campesina
Atilio Alarcón, el cantor popular que expone la ruralidad
En la reivindicación de la cultura popular del norte neuquino, surge la figura de Atilio Alarcón, un cantor popular que expone la ruralidad. Sus letras ponen en valor las costumbres regionales, las necesidades de los paisanos y la identidad criancera.
Atilio se crio en Curaco. “Es un paraje del norte neuquino, un paso de arreo y su nombre significa agua de la piedra”, indicó sobre su lugar de origen y recordó que “aún están las bardas con jarillales y una casa grande donde funcionó un local de ramos generales que atendían mis padres”.
Proviene de una familia numerosa, hijo de Teresa del Carmen Castillo y de Carlos Alarcón. “Éramos nueve hijos y a mí me parió una cantora, una cantora muy buena. Mis hermanos tocaban la guitarra, mi hermano Adriano me insistió para que yo cante y otro hermano, Ramón, me hizo la primera guitarra”, contó sobre su acercamiento a la música.
También recordó que su hermana mayor “fue la primera maestra de Curaco y con su primer sueldo me regaló una guitarra de verdad, y ahí me enamoré de esa guitarra y de la música”.
En familia “escuchábamos la radio, muchas emisoras de Chile, también cantábamos tango y chacarera”, contó sobre sus momentos en la casa materna. En cuanto sus referentes, citó a Antonio Machado y Atahualpa Yupanqui, de quienes rescató que “lo importante es que se conozca la obra y saber que mis canciones andan por ahí porque eso indica que uno no va a morir tan fácil”.
En su repertorio de cuecas y balses el cantor popular expone la vida cotidiana de la ruralidad. “Cada una de mis canciones es un paisaje, una vivencia, lo más decidora y rústica para que la entienda mi gente, digo las cosas como las siento y es mi forma siempre desde el respeto”, afirmó.
Las invernadas, veranadas, la muerte de animales, son temas que surgen en sus canciones. “Muy poco se conoce el trabajo del arriero, de la mujer campesina y eso lo cuento en mis canciones, en mis cuecas”, explicó.
Un ejemplo es el tema “No le afloja la cola a la vaca”, que según comentó “surgió por una vaca que estaba empantanada y la queríamos rescatar con un amigo, hasta que la sacamos y quedamos llenos de barro”.
Otro testimonio se encuentra en la introducción de uno de sus temas donde expone su origen y el sentimiento por su cultura: “Yo soy del norte neuquino, soy criancero y cantor, lo aprendí de las cantoras por quien me saco el sombrero, porque mantienen bien alto su canto por los crianceros”.
Alarcón recordó la primera vez que cantó: “Fue en un salón de baile en Buta Ranquil y la segunda fue con mi hermano en la Fiesta de la tradición en Chos Malal, ahí tuvimos éxito y no dejé de estar ligado a la música porque es un talento para compartir con la gente y decir cosas que tal vez no las dicen otros”.
En sus recuerdos también aparece la mina de San Eduardo, cerca de Chos Malal y Curaco. Allí funcionó un campamento minero de asfaltita (carbón) hasta que en 1951 una explosión mató a seis obreros provocando el cierre y abandono del pueblo, que hoy es un sitio de memoria y ruinas.