2026-03-26

Prestadores turísticos

La confluencia de Damián y Ariel en el norte neuquino

Amigos, socios y apasionados por su tierra, construyeron una propuesta turística que combina paisaje, cultura y vivencias auténticas. Desde la montaña más alta de la Patagonia hasta los senderos de la trashumancia, su historia es también la del esfuerzo y el amor por el Alto Neuquén.

En el norte de la provincia del Neuquén, donde el viento cuenta historias antiguas y los caminos se abren entre montañas, la confluencia de dos miradas dio origen a un proyecto que hoy invita a descubrir el territorio desde adentro. Ariel Morales y Damián Hernández no solo comparten una empresa, sino una forma de entender el turismo: como puente entre quienes llegan y quienes habitan este paisaje.

Hace aproximadamente una década, ambos decidieron apostar por lo propio. “Rumbo Norte nace hace 10 años con una idea mía y de Ariel, que es mi amigo, mi socio fundador. La idea de aquella época era dar a conocer lo que nosotros tenemos acá en el norte de Neuquén”, recuerda Damián.

Ese comienzo no estuvo exento de dificultades. Sin embargo, el motor fue siempre el mismo: la convicción. “Con muchas limitaciones en aquellos años, pero siempre las ganas, la perseverancia fue lo que nos llevó a donde estamos hoy, acompañando y brindando experiencias a las personas que nos visitan”, agrega.

La propuesta que fueron construyendo con el tiempo refleja esa búsqueda. Desde expediciones exigentes como el ascenso al Domuyo -la montaña más alta de la Patagonia- hasta travesías más accesibles, cada experiencia tiene una identidad propia. “Nuestra actividad principal son las expediciones al Domuyo. Son cuatro días y requieren experiencia en montaña. Pero también pensamos propuestas para quienes se inician, como los Cruces de los Andes en el Área Natural Protegida Epu Lauquen”, explica Damián.

El abanico se completa con ascensos al volcán Tromen, circuitos termales para toda la familia y experiencias más íntimas, como caminatas entre formaciones rocosas. Todo con un mismo hilo conductor: el vínculo con el entorno.

“Lo que nosotros buscamos como Rumbo Norte es poder combinar la parte paisajística que tenemos acá en el norte neuquino con la parte cultural”, resume Damián. Y en esa síntesis aparece uno de los productos más singulares que desarrollaron: la experiencia de trashumancia.

Fue la curiosidad de los propios visitantes la que marcó el camino. Ariel lo cuenta con claridad: “Cuando la gente recorría el norte neuquino y se cruzaba con los arreos, se sorprendía. Muchos nos pedían vivir esa experiencia, y así nació este producto”.

Lejos de ser una actividad recreativa convencional, la propuesta invita a integrarse a una práctica ancestral. “No es una cabalgata, es un trabajo real de a caballo, donde se acompaña a los animales en su trayecto”, señala Ariel, poniendo en valor la autenticidad de la experiencia.

Esa vivencia permite comprender, desde adentro, el esfuerzo cotidiano de las familias crianceras. “Es una experiencia intensa, de conexión con la naturaleza y con el trabajo del campo, que permite entender la cultura y la pasión del Alto Neuquén”, afirma.

El recorrido no se limita al movimiento de los animales. También incluye momentos de encuentro: compartir una comida, escuchar historias, conocer los saberes que se transmiten de generación en generación. El tradicional chivito neuquino, fruto de la trashumancia, se convierte así en parte de un relato mayor.

Ariel y Damián construyeron mucho más que una propuesta turística. Su proyecto es, en esencia, una invitación a mirar el territorio con otros ojos, a comprender que detrás de cada paisaje hay historias, trabajo y pertenencia.

En esa confluencia de personalidades -la visión, la amistad y la pasión compartida- se encuentra la clave de un camino que sigue creciendo, siempre con el norte marcado por el mismo horizonte: poner en valor la identidad neuquina y compartirla con quienes llegan en busca de experiencias auténticas.

Más información en el Instagram @turismo.rumbonorte

 

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