2026-03-16

Postales Neuquinas

Cajón del Atreuco, donde el agua abrió un camino entre las montañas

A pocos kilómetros de Varvarco, en el ingreso al Área Natural Protegida Domuyo, el arroyo Atreuco ha tallado con paciencia un profundo cañadón que invita a descubrir la geografía más salvaje del norte de Neuquén.

Al ingresar al Área Natural Protegida del Domuyo desde Varvarco, por la Ruta Provincial 43, el paisaje empieza a cambiar. La cordillera se vuelve más áspera, el viento baja desde las alturas y, de pronto, aparece una grieta profunda en la montaña: el Cajón del Atreuco.

Allí, durante miles de años, las aguas del arroyo Atreuco fueron erosionando la piedra hasta formar un cañadón estrecho y profundo, un corredor natural donde el agua y la roca dialogan en silencio bajo la mirada del volcán Domuyo, la cumbre más alta de la Patagonia.

Varvarco es el portal de entrada a este territorio. Desde allí, una de las formas más atractivas de llegar es en bicicleta de montaña por la Ruta Provincial 43, atravesando el paisaje del norte neuquino hasta alcanzar el cajón y regresar luego por el mismo camino.

El recorrido hacia el interior del cañadón exige una pequeña aventura: para avanzar hay que caminar directamente por el arroyo, mojándose en sus aguas frías, ya que las paredes rocosas que lo encajonan son tan estrechas y escarpadas que impiden bordearlo por fuera.

Ese contacto directo con el agua forma parte de la experiencia. Cada paso entre las piedras revela nuevas formas en la roca, labradas por la persistencia del arroyo y por la historia geológica de la región.

En los paredones del cajón también habita la vida silvestre. Sobre los riscos y peñascos es posible observar el vuelo de distintas aves rapaces: aguiluchos, halcones y, en lo más alto del cielo, los cóndores que planean aprovechando las corrientes térmicas de la cordillera.

El Cajón del Atreuco es apenas uno de los paisajes que guarda el sistema natural del Domuyo, un territorio marcado por volcanes, arroyos de montaña, valles remotos y una naturaleza que conserva su carácter indómito.

En el Cajón del Atreuco el tiempo parece correr distinto.
El agua abre su camino entre la roca mientras el Domuyo observa desde lo alto, recordando que en el norte neuquino la geografía todavía se escribe con paciencia de siglos.

 

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