Se trata de un artesano de Villa Traful que presentó un cuchillo con vaina y estuche compuesto por varias piezas de diferentes maderas, a mitad de año durante la celebración de los 50 años del Consejo Mundial de Artesanía en América Latina. El trabajo cuenta con los requisitos de excelencia, autenticidad, innovación, ecología y comercialización.

Como parte de las actividades organizadas por el Mercado Nacional de Artesanías Tradicionales de Argentina con motivo de la muestra federal de Artesanías del Bicentenario, el pasado 15 de noviembre se realizó la entrega de “Reconocimientos de excelencia para los productos artesanales del Mercosur 2012”, oportunidad en la que se reconoció la labor de un artesano oriundo de Villa Traful.

El artesano Jorge Virasoro obtuvo el certificado que pone en valor años dedicados al delicado trabajo en madera, después de haber transitado varias instancias del concurso organizado por el sector cultural de Unesco Multipaís para Argentina, Uruguay y Paraguay, y de representación de la Unesco ante el Mercosur en colaboración con el Consejo Mundial de Artesanía.

El pasado 3 de septiembre, este artesano había recibido la comunicación escrita de la Unesco en la cual se le informaba sobre el reconocimiento.

La gerente general de Artesanías Neuquinas, Milva Piucill cerró un ciclo cargado de simbolismo en la revalorización y preservación de las artesanías tradicionales, tras haber acompañando al artesano durante las diferentes etapas de la actividad organizada por Unesco.

Al recibir el premio, Jorge Virasoro expresó su agradecimiento a Naciones Unidas por reconocer su empeño y constancia en el trabajo artesanal, permitiéndole estar presente dentro del patrimonio cultural de esta organización de hermandad internacional; y también a Milva Piucill, por haberlo incentivado y convencido de participar en esta presentación.

La artesanía de producción neuquina que obtuvo el diploma que oficia como sello de calidad es un cuchillo con hoja de acero de 15 centímetros de largo y 3 centímetros de ancho. El cabo está conformado por cinco piezas de madera de radal (Lomatia hirsuta) y terminal de forma circular en madera de laura (Schinus montanus). La vaina, también de madera de radal, pesa aproximadamente 5 gramos y consta de siete piezas. El largo total es de 30 centímetros y posee un estuche de forma rectangular confeccionado en radal y alerce (Larix decidua) con paredes de 2 milímetros de espesor, cuya tapa esta unida por medio de dos bisagras y un broche del mismo material.

El nacimiento del cuchillo se inició con la recolección de los troncos de árboles caídos, los cuales se dejaron estacionar durante un lustro, aproximadamente. Particularmente, el alerce fue extraído de tejuelas recuperadas de un techo de una vivienda familiar. Para la confección se observaron y eligieron cuidadosamente los tipos y secciones de madera que mejor se ajustaban al diseño.

La curvatura de la vaina y del cabo se generó cortando las secciones en pares coincidentes en su veta y estructura, y a continuación se encabaron y pegaron las partes. Tanto la vaina como el cabo constan de dos pares de piezas principales, una lámina fina que va colocada en el interior de ambas y pequeños tarugos de madera que sujetan las partes.

El tiempo de confección, sin contar la recolección de la materia prima y el tiempo de estacionado, es de diez días ininterrumpidos. El carácter innovador está dado por el modo en que se utiliza el material, ya que las partes habitualmente confeccionadas en metal, cuero o asta –el cabo y la vaina- aquí se resuelven a través de un delicado y preciso trabajo de la madera. Completan el aspecto innovador el refinado estuche compuesto por 55 piezas, de imperceptible mixtura al tacto. Cabe destacar el ínfimo tamaño y complejidad de cada una de las partes que conforman tanto bisagras como cierre, 10 y 13 respectivamente.

“Conservar el patrimonio y protegerlo es la mejor promoción que se puede hacer del mismo”, manifestaron desde Artesanías Neuquinas.