Dentro del Complejo Penitenciario V hay más de 100 bancales en producción y 5 invernaderos para el cultivo bajo cubierta. Un centenar de internos participa en la producción sostenida de alimentos agroecológicos durante todo el año.

El ministerio de Producción e Industria renovó el convenio para que mediante el Programa de Desarrollo Agroalimentario (PRODA) y el Ente de Cooperación Técnica y Financiera del Servicio Penitenciario Federal (ENCOPE), se de continuidad al plan productivo que viene desarrollándose en el Complejo Penitenciario Federal V de Senillosa desde el año 2019.

La firma del acuerdo, que prevé el sostenimiento de las huertas terapéuticas en contextos de privación de la libertad, fue encabezada por el Ministro de Producción e Industria, Facundo López Raggi, el Inspector General, José Luis Guarino, en su carácter de Presidente del Consejo Directivo del organismo nacional y el Director de PRODA, Aldo González.

El Ministro de Producción e Industria, Facundo López Raggi, señaló que “es un gusto que sigamos trabajando, y que reforcemos esta vinculación interinstitucional para continuar con las ofertas productivas agroalimentarias a la población carcelaria de este complejo penitenciario, desarrollando los distintos módulos productivos, que buscan promocionar la alimentación saludable, y ofrecer a los internos el acceso a alimentos frescos y sanos cultivados por ellos mismos”.

“Creo que es una tarea no menor provocar un efecto terapéutico a través de la vinculación con la tierra y una formación laboral que les sirva como horizonte tras su egreso”, indicó.

El Director de PRODA, Aldo González, contó que “el programa PRODA ha capacitado regularmente al personal penitenciario para que multiplique los conocimientos entre los internos designados para el trabajo de huerta y, además, realiza un acompañamiento permanente, con la asistencia de un ingeniero agrónomo que tiene a cargo el seguimiento de los procesos productivos”.

Por su parte, Guarino sostuvo que “es un buen aporte para el complejo, porque en su inicio no contemplaba talleres productivos”. “Esto viene a subsanar una necesidad que tenemos de generarle hábitos laborales, nuevos conocimientos; por ahí porque no es algo muy habitual en la población penal, esto de generar sus propios alimentos. Es bueno para nosotros como institución, bien para la población por los buenos hábitos, e integrarnos mucho mejor, interactuando inter ministerialmente”, agregó.

“Tenemos certificada una huerta certificada en la Unidad 19 de Ezeiza y estamos tratando de certificar en otras unidades también como la 1 y la 4”, contó, además de detallar que se trabaja en tambos, quesería, producción porcina, entre otras.

Cristina Meza, Prefecto Jefa del Complejo Federal 5 de Senillosa, contó que “la producción de los internos sorprende a muchos. Producen más allá de los vientos, las heladas, a pesar de todo se hace”.

Huertas en contexto de privación de la libertad

Las huertas que funcionan dentro del Complejo Penitenciario V de Senillosa, tienen más de 100 bancales en producción y 5 invernaderos para el cultivo bajo cubierta. En estos espacios un centenar de internos participa en la producción sostenida de alimentos agroecológicos durante todo el año.

Cuentan con riego por goteo, micro túneles, deshidratadores solares y un sistema de compostaje que incorpora los residuos orgánicos de la cocina. De esta manera se articula junto con el personal de la institución, transformando los restos vegetales que se generan a diario, en materia compostada para nutrir el suelo productivo.

El convenio PRODA-ENCOPE ha permitido perfeccionar entre los internos los hábitos laborales de un oficio y obtener productos para autoconsumo y otros destinos, como la provisión de alimentos frescos para el comedor institucional, para donaciones a organizaciones sociales o incluso la participación en ferias o sistemas de economía social que el PRODA implementa regularmente.

La producción intramuros y la extensión a la comunidad

En repetidas ocasiones el excedente de la producción que generan las huertas del complejo penitenciario, se vuelca a la población a través de donaciones a instituciones de bien público, como es el caso de Cáritas, que ha recibido parte de las cosechas de zapallos y otras verduras frescas cultivadas en el predio de la institución carcelaria.

Teniendo en cuenta la alta potencialidad que en esta materia posee el Complejo Penitenciario Federal V: superficies productivas a desarrollar, población carcelaria posible de ser afectada, residuos orgánicos continuos para generar suelo cultivable, condiciones mínimas productivas resueltas; se proyecta el desarrollo de diferentes líneas de producción en forma gradual.

Se espera, por lo tanto, potenciar las huertas protegidas-terapéuticas dentro la cárcel, continuar con el compostaje a gran escala para el aprovechamiento de los residuos orgánicos de la cocina; sumar más bancales productivos, realizar un ciclo continuo de capacitaciones técnicas e implementar la producción sostenida de hortalizas, plantines hortícolas, florales, ornamentales y de aromáticas.

La huerta, como espacio de trabajo, y en general las tareas culturales ligadas a la producción hortícola, demandan regularidad, constancia y dedicación en relación a la labores cotidianas. De esta manera, cada parcela productiva, aún de pequeñas superficies cultivables, representa una exigencia diaria para el interno/huertero, que implica ocupación constante y un uso productivo del tiempo.

Desde el programa PRODA se evalúa positivamente que predios institucionales que están en desuso sean reconvertidos en unidades de producción de alimentos frescos y sanos, y en este caso, que las personas privadas de su libertad, puedan revincularse socialmente a través de la agricultura urbana y el desarrollo agroalimentario local.