(…) Representantes de todas y cada una de las distintas colectividades, gracias por enmarcar, por darle el marco a este día; a las autoridades consulares; diputados; concejales; autoridades del Ejecutivo provincial y municipal; medios de comunicación; pueblo de Neuquén.

Primero, hoy es un día para festejar, reconocer y agradecer. No es un día más. Y cualquiera que mire la historia de Neuquén y de la Patria podría imaginar rápidamente y darse cuenta que Neuquén y el país no sería lo que es, si no hubiera sido por cada una de las corrientes migratorias de otras provincias y de otros países que depositaron la confianza, el amor y el coraje en esta provincia. Lo hicieron en un marco de un estricto respeto para integrarnos, no hubo imposición de partes. Entre todos construimos esta identidad, la identidad neuquina. Por eso hoy también es un día para que cultivemos las tradiciones de las distintas comunidades.

Un 4 de septiembre del año 1812, el primer Triunvirato estableció, en un decreto, la apertura de las fronteras del país a todos los habitantes de otras naciones que decidiesen venir, eligiendo la tierra argentina. Y no lo hicieron al azar ni sin contenido, fue con contenidos. Ese decreto estableció la apertura de las fronteras debiendo, cada argentino, recibir a cada inmigrante brindándole protección, seguridad, respeto. En ese marco, es que se abrieron las puertas del país y en el año 1854, en el vapor Asunción, llega el primer contingente de inmigrantes.

Yo también soy nieto y bisnieto de inmigrantes. Por un lado, español; y por el otro lado, italiano. Aquí en Cipolletti la familia de mi abuelo y mi abuela, la Casa Colantuono, fue la primera casa de ramos generales con el primer surtidor de nafta de Cipolletti. Nos enseñaron los valores del esfuerzo y del trabajo. Vinieron, prácticamente, con casi nada, vinieron con esta bolsa, con alguna ropa, con alguna moneda. Con casi nada, pero en realidad vinieron con casi todo, vinieron a contagiar, a irradiar esperanza. Lo hicieron. Llegaron, se quedaron, multiplicaron, tuvieron familia, le metieron esfuerzo y trabajo, responsabilidad y solidaridad. Muy pocas veces de un neuquino o de un argentino nacido se ha escuchado hablar mal de algún inmigrante, sino con el debido respeto, porque nos hemos integrado, fortaleciendo y construyendo nuestra identidad.

Han venido y nos han enseñado de la energía, de la fuerza, de la fortaleza para hacer realidad los sueños. Adoptaron la tierra neuquina y argentina y la hicieron propia, y nos enseñaron el valor de la tierra. Como el Pehuén, que es un árbol que se enraíza, emblemático de la provincia del Neuquén, echaron raíces profundas. Y en esas raíces profundas empezamos a caminar, no en confrontaciones, sino codo a codo, mano a mano, pie a pie, paso a paso, abriendo surco para nuestras familias, nuestros hijos y nuestros nietos.

En esa apertura de la Patria, que tenemos hoy la necesidad de repensarla, de reflexionarla, no hubo una sola discriminación. La puerta estuvo abierta de par en par siempre, y habrá de estar siempre abierta de par en par. Es nuestra responsabilidad, sin discriminar por raza, credo, origen. Entre todos.

Por eso, hoy, 4 de septiembre, venimos todos los neuquinos a decirles gracias, gracias por el coraje, por el empuje, por haber llegado y haber formado de la mano del trabajo el desarrollo y familia, por haberse nucleado en instituciones que forman parte de la vida activa de la sociedad neuquina. Se han involucrado con infraestructura, con desarrollo cultural, con desarrollo deportivo; se han vinculado e integrado con los valores que trajeron de la patria de sangre.

Por eso, decir inmigrante es decir coraje, es mirar al cielo y es mirar el horizonte en la búsqueda de esa libertad en la toma de decisiones; decir inmigrante, en forma simultánea a esa mirada para encontrar la mejor decisión, es abocar las manos al esfuerzo, al trabajo y al amor.

¡Feliz Día del Inmigrante!