Estuvo a cargo de un astrónomo convocado en el marco de la Semana de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación. Basó su presentación en una premisa: permitirse siempre dudar y ser curioso. Contó con la participación de más de 200 chicos.

A partir de una narración con objetos y de forma totalmente lúdica, el astrónomo Horacio Tignarelli se presentó el pasado viernes en Neuquén ante más de 200 niños y niñas de quinto y sexto grado de las escuelas 198 y 56 que participaron por primera vez de la Semana de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación. Apeló a los sentidos para acercar al público al pensamiento científico y recibió a cambio un cerrado aplauso al término de las dos horas en las cuales habló sobre Colón, la Tierra, la Luna, el Sol y los cientos de miles de planetas que han sido visualizados hasta ahora para argumentar sobre lo necesario que es permitirse dudar.

Convocado por la Secretaría del COPADE, el Ministerio de Educación y el Consejo Provincial de Educación, Tignarelli llegó a la Provincia a través del programa de popularización de las ciencias. Su visita a Neuquén coincidió con el cierre de la Semana de la Ciencia que fue financiada por el Consejo Federal de Inversiones y permitió que estudiantes de diversas localidades conocieran distintas disciplinas de la mano de científicos e innovadores.

“Me convocaron a trabajar con los más pequeños y acercarlos al pensamiento científico”, indicó Tignarelli y buscó acercarlos a ciertas premisas de la ciencia. “En particular –dijo-, la necesidad de dudar, la necesidad de curiosear, la necesidad de no tomar el objeto por lo que es sino por lo que representa y de movilizar algunas de esas pre concepciones que tenemos muy arraigadas en la escolaridad y que no siempre responden a la realidad”.

Para ejemplificar sus palabras, dio vuelta el globo terráqueo para “reivindicar la posición de la tierra en el espacio, algo que está en los núcleos de aprendizaje prioritario y que se está implementando”. Al poner el polo sur hacia arriba, demostró que el modelo terrestre es una convención a la cual adhiere Argentina pero a la hora de usar el globo terráqueo para enseñar geografía o astronomía, donde se necesita la Tierra como planeta, “esa representación no es fiel y entorpece la construcción de conceptos”, afirmó.

Entonces, propuso sacar el globo terráqueo de ese molde y ponerlo en la posición correcta. “Es un derecho que tienen los chicos que se están formando a entender cuál es su posición en el mundo. No están boca abajo como dijeron ni están sostenidos porque la gravedad nos lo permite. La tierra está bajo nuestros pies y nosotros estamos parados como cualquier otro. En todo caso, si la gravedad actúa, actúa para todos igual no sólo para nosotros”.

En diálogo constante con los docentes, Tignarelli planteó que la clave para incorporar este tipo de actividades en el aula es demostrar que, frente a esos modelos que ya están incorporados, hay un abismo y lo único que hay que hacer es no ser tan rígidos. “Así uno puede incorporar las cosas nuevas que es lo que hace la ciencia”, sugirió. “Es un avance del conocimiento a partir de pequeñas dudas y de flexibilizar los conceptos que parecen para siempre”.