Se presentó el informe final del trabajo realizado por diversos organismos especializados tendiente a incrementar la oferta forrajera para favorecer la producción ganadera en ambientes de mallines y estepa.

Un grupo de técnicos del ministerio de Desarrollo Territorial, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y la Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa (Aapresid) expuso ante productores los resultados que tuvo el Sistema Chacras en Neuquén. La actividad se realizó durante una jornada ganadera en la Sociedad Rural de Junín de los Andes.

La iniciativa apuntó a desarrollar tecnologías que permitan aumentar la producción ganadera en ambientes específicos, como mallines y estepa, aumentando la oferta forrajera. Esta actividad se enmarca en la construcción de mataderos y centros de comercialización y una gran longitud de líneas eléctricas rurales, acciones que contribuyen al fortalecimiento de la actividad primaria.

En 2010 se conformó la Red de Ensayos Territoriales “Agricultura para Ganadería”, en la que el Centro Pyme-Adeneu aportó organización y recursos económicos, la Aapresid su experiencia en siembra directa y el INTA Bariloche, la asistencia técnica y la experiencia obtenida en el manejo de pastizales, siembra y fertilización en ese tipo de ambientes.

“Los resultados son esperanzadores, porque los rendimientos observados fueron buenos, incluso bajo las fuertes condiciones de sequía a la que están sometidas algunas de las zonas en que se hicieron los experimentos”, explicó el subsecretario del Copade, Sebastián González.

El funcionario, que también preside el Centro Pyme-Adeneu, asistió a la jornada en representación del ministerio de Desarrollo Territorial y participó del cierre junto a Germán Fogante, vicepresidente de Aapresid y Jorge Reynals, director del INTA CR Patagonia Norte.

Se explicó que plantearon líneas específicas de desarrollo y experimentación a campo durante el periodo 2009-2013. En particular se trabajó en seis campos: Don José, Las Horquetas, Los Peucos, Las Araucarias, Catatun, Paso Ancho y Ñorquín-El Morado. Los resultados obtenidos fueron calificados como “buenos” en el informe final, donde se destacó el “importante potencial” con que cuenta la región para el desarrollo ganadero sobre la base de un buen manejo de los recursos pastizales y del agua.

En esta línea, se trabajó en el mejoramiento de algunos ambientes a través del manejo de cargas, la inclusión de especies exóticas, la mejora y extensión de áreas bajo riego y la incorporación de diferentes especies en zonas de estepas y en planteos silvopastoriles, así como un trabajo especial en chacras bajo riego con alfalfa, avena, rye grass y maíz, entre otras.

Algunas conclusiones

El informe final del Sistema Chacras 2010-2013 se estructuró en torno a cinco capítulos: la fertilización de mallines, siembra directa de pasturas en ese tipo de ambientes, siembra directa en zonas de estepa, enmallinamiento y producción de verdeos bajo riego.

Entre otras conclusiones, se advirtió que la fertilización en mallines aumentó entre 30 y 40 por ciento la producción de forraje, llegando a registrar entre 800 y 1.540 kilos de materia seca por hectárea superiores a los sectores no fertilizados. La respuesta fue mayor en ambientes de alta productividad, con resultados económicos favorables, incluso en años con escasez de lluvias. Se constató la necesidad de complementar esta práctica con un adecuado manejo del pastoreo y se consideró necesario ampliar la cantidad de experiencias y casos para ajustar el manejo de la fertilización de acuerdo al ambiente.

En lo que respecta a los ensayos de implantación de pasturas en mallines, fueron realizados en un periodo de lluvias inferiores a los promedios históricos. No obstante, el informe destaca que se lograron resultados alentadores en los mallines salinos y en los de cortaderas. Se evidenció entonces la importancia de continuar desarrollando estrategias específicas que contemplen las particularidades de estos ambientes, como la incorporación de máquinas adaptadas, prácticas de control de la vegetación, manejo del agua y mezclas forrajeras de mejor adaptación, entre otras.

En la siembra directa realizada en ambientes áridos de estepa el agropiro alargado (A. elongatum) fue la especie que mostró la mayor capacidad de adaptación: toleró temperaturas menores a los diez grados bajo cero durante los primeros meses invernales de implantación.

Aunque las condiciones de aridez y semi-aridez de gran parte de la Patagonia norte limitan la oferta forrajera y receptividad ganadera de sus sistemas productivos, los técnicos evaluaron los recursos hídricos de magnitud y calidad que tiene la provincia para impulsar sistemas irrigados que contribuyan a aumentar y estabilizar la producción.

Así por ejemplo se planteó el enmallinamiento de estepas para transformar gradualmente su vegetación en praderas de mayor rendimiento y valor forrajero, a través de la distribución de agua por regueras desde arroyos, canales o vías de drenaje. “El complemento de esta práctica con la intersiembra de pasturas de siembra directa permitió –se afirma en el estudio- alcanzar producciones de forrajes superiores a los 5.000 kilos de materia seca por hectárea (20 veces superiores a la producción inicial de la estepa) en tres temporadas de crecimiento”. En estos casos, se estimó que el recupero de la inversión se da a partir de la cuarta temporada de crecimiento de la pastura.

El capítulo dedicado a la producción de verdeos bajo riego se dividió en tres según el tipo de producción: de maíz, verdeos especiales o verdeos invernales. Los ensayos, en estos casos, se realizaron en la estación experimental Campana Mahuida.