Contó con la participación de 20 personas, entre pacientes y familiares. Fue en el hospital Castro Rendón de la ciudad de Neuquén.

El jueves se llevó adelante la segunda charla de Escuela de CPAP (dispositivo médico para el tratamiento de apnea del sueño), en el aula de Docencia del Hospital Castro Rendón de la ciudad de Neuquén. De la actividad -libre y gratuita- participaron unas 20 personas, entre pacientes y familiares. El encuentro estuvo destinado a pacientes que están en tratamiento.

La jefa del servicio de Neumonología del hospital y médica especialista en Neumonología y medicina del Sueño, Noelia Balbo, explicó que “los pacientes que vienen a las charlas padecen el Síndrome de Apneas-Hipopneas del Sueño (Sahos)” y agregó que “el dispositivo que utilizan para el tratamiento es un equipo llamado CPAP. Este equipo, a través de una mascarilla que va en la boca y la nariz, envía una presión de aire ambiental para que la vía aérea se abra y la persona pueda respirar normalmente cuando duerme, porque está sufriendo un trastorno que ocurre durante el sueño, que es la apnea, una pausa en la respiración”.

Estos encuentros se vienen desarrollando desde 2016. Todos los años se programan tres talleres. Este año ya se realizaron dos, uno en marzo, otro en junio y el último será en septiembre.

Balbo, quien también es miembro de la Asociación Argentina de Medicina del Sueño, dijo que “es una modalidad charla-taller, donde los pacientes pueden evacuar dudas sobre su tratamiento, la utilización del dispositivo y también contar sus experiencias”. Agregó que “este último encuentro fue muy gratificante porque muchos de los pacientes hicieron preguntas, comentarios sobre la mascarilla, el uso y la limpieza, pudieron hablar y explayarse sobre los cambios que sintieron con el uso y la mejoría a partir de usarla”.

La especialista precisó que “un paciente que tiene un sueño que es interrumpido en varias ocasiones, a lo que llamamos microdespertares, o que ronca, o un sueño intranquilo no reparador, al otro día tiene una mala calidad de vida porque es un paciente que se duerme”. Agregó que “tiene tendencia a dormirse haciendo cualquier cosa, trabajando, estudiando, conduciendo un vehículo; no tiene ganas, tiene apatía, tiene trastornos de ansiedad, puede tener irritabilidad, mal humor y  todo esto viene asociado a diferentes complicaciones que ocurren por la falta de oxígeno durante la noche cuando duerme. He tenido pacientes que tuvieron accidentes de tránsito y han perdido su trabajo por no poder realizar sus tareas laborales”.

La apnea del sueño es un problema frecuente y que normalmente se asocia a la obesidad o al sobrepeso. “Hay que estar atento para diagnosticarla porque tiene un tratamiento y vale la pena hacerlo a tiempo”, dijo la neumonóloga. “Hoy tenemos alrededor de 215 pacientes que están en tratamiento con los equipos de CPAP que otorga salud pública a quienes tienen o no obra social, todos están dentro del Programa Provincial de Ventilación No Invasiva, que funciona desde el 2003”, indicó.

Balbo dijo también que “los pacientes siempre vienen a la consulta derivados por un médico clínico. Nosotros hacemos el diagnóstico en el laboratorio del sueño, que es donde se hacen las poligrafías. Es un estudio que graba distintas variables que tiene el paciente durante la noche cuando duerme. Con esto y otros factores que tendremos en cuenta, vemos si hace falta iniciar el tratamiento con CPAP”.

Una vez iniciado el tratamiento se realiza el primer control luego de un mes y luego cada tres meses.

Síntomas

De acuerdo con la Asociación Argentina de Medicina del Sueño, se sospecha de la presencia del Síndrome de Apneas-Hipopneas del Sueño cuando hay ronquidos, despertares con sensación de ahogo, sueño excesivo durante el día (mirando televisión, en el trabajo, en un cine, conduciendo, en una reunión), dificultad para mantener la atención, sueño superficial o inquieto, pausas respiratorias durante el sueño relatadas por familiares, despertares con dolor de cabeza o boca seca, y necesidad de orinar muchas veces durante la noche.

Es un factor de riesgo cuando se tiene hipertensión arterial, arritmias, insuficiencia cardíaca, infarto, accidente cerebrovascular, y accidentes de tránsito. Puede causar alteraciones en la memoria y en la atención; cefalea frecuente; alteraciones del ánimo y del humor; en los niños, déficit de atención e hiperactividad, dificultades en la escuela, posiciones bizarras para dormir, enuresis secundaria (orinarse por las noches), terrores nocturnos y sonambulismo frecuente.