La Jucaid acompañó las jornadas de difusión que llevaron adelante las asociaciones Lalcar y Apebil para informar a la población sobre Artritis Reumatoidea y Espina Bífida.

Con el propósito de difundir información sobre Artritis Reumatoidea y Espina Bífida, la Junta Coordinadora para la Atención Integral de las Personas con Discapacidad (Jucaid) acompañó a las asociaciones Lalcar y Apebi en las actividades de concientización que se llevaron adelante en la ciudad de Neuquén.

La última tuvo lugar ayer de 10 a 13, en la plazoleta de Avenida Argentina y Juan B. Justo, y participó la directora de ONG de la Jucaid, Morena Traversi.

El sábado 21 se realizó una actividad similar en el marco del programa Arte+ONG=Solidaridad junto a las dos asociaciones. Esta propuesta, organizada por la Jucaid, permite a las organizaciones mostrar sus acciones a la comunidad y acompañar con números musicales.

Lalcar es la Liga Argentina de Lucha Contra la Artritis Reumatoidea y Apebi es la Asociación para Espina Bífida e Hidrocefalia. Ambas organizaciones de la sociedad civil se reunieron para difundir información sobre las problemáticas que los agrupa, en el marco de días especiales a nivel nacional y mundial para trabajar en la sensibilización de la comunidad.

Desde la Jucaid indicaron que una de sus funciones es acompañar a las asociaciones y que esa es una manera de celebrar la participación e inclusión plena y efectiva de todas las personas en la sociedad.

En la oportunidad, la presidenta de Lalcar, Mónica Ramírez dijo que “estamos realizando una jornada de concientización sobre la enfermedad reumática y específicamente sobre artritis reumatoidea, porque el 24 de octubre se conmemoró el Día Nacional del Paciente con Artritis Reumatoidea y además octubre es el mes de concientización sobre el diagnóstico temprano de la enfermedad”.

Se trata de una enfermedad inflamatoria crónica autoinmune de causa desconocida. Afecta principalmente las articulaciones, aunque puede comprometer otros órganos del cuerpo y si no es tratada a tiempo produce destrucción articular, discapacidad física y alteración de la calidad de vida.

Afecta más frecuentemente a personas entre los 20 y 50 años, aunque no es exclusiva de estas edades, ya que hay niños pequeños que la padecen. No es hereditaria en forma absoluta, aunque los familiares de personas con Artritis Reumatoidea pueden ser más susceptibles a padecerla, ya que se han identificado algunos genes que pueden predisponer a la enfermedad.

Entre los síntomas se incluye inflamación en las articulaciones -generalmente en pies y manos- acompañada con dolor y calor en la zona inflamada, rigidez matinal y falta de fuerza. Hay que consultar al médico generalista o clínico ante estos signos para evaluar, diagnosticar e iniciar el tratamiento oportunamente.

El tratamiento y los controles periódicos pueden hacer que la calidad y expectativa de vida no se altere significativamente.

Por su parte, la Espina Bífida es una malformación congénita en la que el tubo neural, un canal delgado que conforma el cerebro y la médula espinal, no termina de cerrarse correctamente. Esto sucede entre la tercera y cuarta semana del embarazo. Esta malformación puede afectar a tres de los principales sistemas del organismo: el sistema nervioso central, el aparato locomotor y el sistema genitourinario. Además, la afectación del sistema nervioso central también puede producir hidrocefalia (acumulación de líquido cefalorraquídeo en la cabeza) y falta de sensibilidad y fuerza en miembros inferiores, dependiendo del nivel de localización de la lesión en la columna.

El origen de la malformación es multicausal. Igualmente se sostiene que existe una predisposición genética e influyen diferentes factores ambientales, como la falta de ácido fólico antes de la concepción o la alteración del metabolismo por la acción de ciertos fármacos.

Si bien no existe un tratamiento definitivo para la espina bífida, existen abordajes que contribuyen a minimizar las consecuencias y complicaciones, como así también a mejorar la calidad de vida de las personas que la padecen.

La delegada regional de Apebi, Verónica Ochoa señaló que “se detecta en el embarazo, mediante una ecografía entre el tercer y cuarto mes de gestación”.

Por otro lado, “se puede prevenir hasta en un 70 por ciento mediante la toma de ácido fólico, por lo que la planificación familiar es fundamental para iniciar la toma unos meses antes del embarazo y continuarla durante los primeros seis meses de gestación”, expresó Ochoa.