“Sin la pandemia no existiría Singui Gírgolas” aseguró una de las emprendedoras. La sala fue acondicionada en plena pandemia por el Covid-19 con fondos privados y desde el Centro PyME-ADENEU se brindó asistencia técnica.

En 2020, en plena pandemia por el COVID-19, María Emilia y Melina Rovetto decidieron encarar un emprendimiento que habían imaginado tiempo atrás. Así fue que nació Singui Gírgolas en Villa Pehuenia. Sus fundadoras apuntan en principio a abastecer con hongos comestibles frescos a los gastronómicos de la zona y destacan las características sustentables del emprendimiento al reutilizar viruta de pino para la elaboración del sustrato.

María Emilia es chef y desde hace 15 años lleva adelante su propio restaurante, Mandra. Comentó que “estos años de pandemia fueron tremendos para nosotros por ser un lugar turístico”. El parate obligó a las hermanas a buscar alternativas de negocio.

“Estamos entusiasmadas por ser las primeras productoras de este producto hermoso. Es un producto ‘medio estrella’ que está saliendo acá en Pehuenia. Es un producto que además de ser sabroso tiene muchísimas propiedades que benefician a la salud”, destacó María Emilia.

“Con la pandemia el año pasado, que teníamos cerrado los locales, era el momento adecuado para comenzar”, señaló. Así fue decidieron remodelar una casa que tenían para elaborar gírgolas sobre sustrato.

“El asesoramiento de Centro PyME-ADENEU fue excelente. El asesoramiento que nos brindaron para el diseño de la planta fue fundamental”, resaltó María Emilia.

Las instalaciones cuentan con cuatro salas. Una de ellas está destinada a la elaboración del sustrato, y las otras completan el proceso productivo: inoculación, incubación y fructificación. Si bien tenían la posibilidad de acceder a financiamiento a través de la Agencia, la inversión la afrontaron ellas mismas, con un monto total que ronda el millón de pesos.

Debido a las restricciones de la pandemia, el asesoramiento fue poco convencional: “todo fue online, mensajes y audios. Y tuvimos una visita del técnico cuando estuvo terminada la planta, con lo cual terminamos de ajustar los últimos detalles”, relató María Emilia.

La primera siembra la llevaron adelante en unas 50 bolsas de sustrato, que tienen un rinde aproximado de 40 o 50 kilos de gírgolas frescas. La capacidad instalada de la planta les permitiría producir entre 300 y 350 kilos mensuales de hongos comestibles frescos.

Los desafíos que les planteó el emprendimiento también incluyen la elaboración del sustrato. “Hicimos un pasteurizador, que es un modelo que nos facilitaron desde Centro PyME-ADENEU, que nos permite pasteurizar 100 kilos de viruta, está buenísimo y es súper práctico”, comentó.

El factor sustentable del emprendimiento es algo relevante para las hermanas Rovetto. “Nos parecía interesante también el reciclaje para el cuidado del medioambiente. Una maderera nos da la viruta de pino, y estamos probando para usar los recursos de nuestra localidad», indicó.

El sustrato se elabora a partir de un residuo, en este caso, viruta de pino, pero también se puede utilizar viruta de álamo u orujo de fruta, desperdicio que se genera en la industria juguera. A partir de cierto procedimiento, el sustrato queda en condiciones para que en él se desarrollen hongos con valor nutricional y medicinal.

La primera siembra que realizaron fue con la cepa “Pleurotus Ostreatus Florida”, la cual es producida por el Laboratorio de Hongos Comestibles de Centro PyME-ADENEU.

María Emilia señaló que “es un tema contar con alimentos frescos en la localidad”. Por ende, el primer objetivo del emprendimiento es poder abastecer con gírgolas frescas a los locales gastronómicos de Villa Pehuenia-Moquehue y más adelante, Aluminé.

También tienen la intención de elaborar conservas de gírgolas, producto que esperan poder presentar en el Festival del Chef del próximo año.