Nuevo concierto del Ciclo de La Sinfónica en el Español

junio 1, 2009

Será el próximo viernes 5 de junio a las 21 en el cine teatro de Avenida Argentina 235.

La Orquesta Sinfónica de la Fundación Banco Provincia del Neuquén se presentará el próximo viernes a las 21 en el Cine Teatro Español, Avenida Argentina 235. En el quinto concierto del Ciclo de La Sinfónica en el Español, la Orquesta dirigida por Andrés Tolcachir interpretará la Sinfonía N° 1 “Le Printemps” de Darius Milhaud; Danzas de Galanta de Zoltán Kodály; y la Sinfonía N° 5 de Ludwig van Beethoven.

Las entradas tienen valores de 15, 25 y 35 pesos, y están a la venta en el local de música de Avenida Argentina 261.

Las obras

Sinfonía N° 1, “Le Printemps”

Darius Milhaud (1892-1974), compositor judío francés. Su obra se caracteriza por poseer varias tonalidades simultáneas y patrones rítmicos derivados del jazz. Comenzó a los siete años a estudiar violín con Leo Bruguier, que lo incorporó a su cuarteto de cuerda. Ingresó en el Conservatorio de París en 1909. En 1910 escribió una ópera cómica basada en un libreto de Francis Jammes titulado Brebis égarée (oveja descarriada). Más adelante se dedicó a la música de cámara. Su primera Sonata para violín y piano data de 1911 y su primer cuarteto de cuerda fue escrito en 1912. Conoció al poeta Paul Claudel, del que musicalizó alguno de sus poemas.

En 1940 se trasladó a Estados Unidos al recibir el encargo de una sinfonía para la orquesta de Chicago. Allí permaneció hasta 1947: trabajó como profesor de composición en el Mills College de Oakland, California, donde tuvo como alumnos, entre otros, al músico de jazz Dave Brubeck. Abandonó este puesto para trabajar como profesor honorario de composición en el Conservatorio de París, donde tuvo como discípulos a Iannis Xenakis y a Karlheinz Stockhausen. En 1965 su catálogo estaba integrado por 409 obras, pequeñas y grandes, escritas para todos los géneros musicales.

Danzas de Galanta

Zoltán Kodály (1882-1967), compositor, crítico musical y musicólogo étnico húngaro. El número de obras vocales de Kodály supera en mucho a su repertorio puramente instrumental, notándose una evidente predilección por la música coral. Sin embargo, es su música orquestal la que alcanzará una mayor significación, casi toda escrita a partir de 1920 y con motivo de algún encargo institucional.

Dentro de este último grupo se encuentran las Danzas de Galanta (Galántai táncok), una de sus piezas más populares escrita en 1933 por petición de la Sociedad Filarmónica de Budapest, que conmemoraba su 80º aniversario. Se trata de un poema sinfónico de brillante orquestación y en forma de rondó libre (se abre con una lenta introducción y finaliza con una coda bastante desarrollada). El tema principal es interpretado por el clarinete, instrumento al que confiere un puesto de honor en la obra. El interés musical es creciente a medida que se avanza, culminándose con el clímax final, un momento en que la emoción y el color se desbordan.

Galanta (en la actual República Eslovaca) es el pueblo donde Kodály residió parte de su juventud en los años en que su padre trabajó como jefe de estación de ferrocarril. En esta localidad, el compositor escuchó por primera vez la música de baile de los cíngaros trashumantes, que combinaba las melodías folclóricas del lugar con la herencia del verbunkos (danzas de reclutamiento húngaras de la segunda mitad del siglo XVIII interpretadas cuando los soldados se alistaban en el ejército). Desde su particular visión creadora, Kodály aprovechó la riqueza de este material para escribir una de las partituras que más fama le ha reportado: las Danzas de Galanta son ráfagas de recuerdos felices que recrean la vitalidad de las melodías cíngaras en la mente del compositor.

Sinfonía N° 5

Ludwig van Beethoven (1770-1827). La Quinta Sinfonía destaca notablemente por la cantidad de tiempo que demoró su composición. Hay muchos estudios en torno al tema, que revelan que en obras anteriores de Beethoven ya se emplea el famoso motivo rítmico con que comienza la sinfonía, y que hay una particular inclinación por las posibilidades dramáticas de la tonalidad de Do menor. Composiciones en donde aparece ya el motivo son: el Concierto para piano Nº 1 (1797), en la Sonata para piano Op. 10 Nº 3, en el Concierto para piano Nº 3 en Do menor (1802), la Sonata Appassionata, los cuartetos de cuerdas “Rasumovsky” del Op. 59.

En un apunte de 1803 encontramos un anticipo del scherzo, en el tiempo en que terminaba la Segunda Sinfonía. Beethoven dejó madurar su concepción de la sinfonía, interrumpiéndola por la composición de otras obras. Hacia 1804 se dispuso con mayor intensidad a terminarla; los apuntes más importantes de esta sinfonía se encuentran en un cuaderno de apuntes junto con los del Concierto para piano Nº 4. La preparación final de la Quinta Sinfonía ocurrió entre 1807 y 1808, y fue realizada en paralelo a la de la Sexta Sinfonía, la conocida Pastoral, situación sorprendente dado que se trata de dos sinfonías muy diferentes.

Cuando Beethoven la compuso ya estaba llegando a los 40 años, su vida personal estaba marcada por la angustia que le causaba el aumento de su sordera; pese a esto, había entrado ya en un imparable proceso de “furia creativa”. Europa estaba marcada decisivamente por las guerras napoleónicas, la agitación política en Austria y la ocupación de Viena por las tropas de Napoleón en 1805.

La obra se estrenó el 22 de diciembre de 1808 en el Theater an der Wien en un larguísimo concierto de cuatro horas que incluyó exclusivamente sus estrenos, dirigido y ejecutado al piano por el mismo Beethoven.

La principal característica de la Quinta Sinfonía es su valor como unidad sinfónica, pues, pese a reunir un gran número de fragmentos dispares, la pericia de Beethoven logra integrarlos en un todo expresivo repleto de energía rítmica.