Para fomentar el desuso de estos productos, el gobierno provincial intensifica los operativos de control y las campañas de concientización.

Ante la proximidad de las fiestas navideñas, el gobierno de la Provincia intensifica los esfuerzos para desalentar el uso de la pirotecnia. A través de un conjunto de políticas públicas, y en cumplimiento de la ley provincial 2833, que prohíbe la tenencia, acopio, exhibición, fabricación y venta de pirotecnia, se busca evitar los trastornos que estos productos provocan en personas con discapacidad, adultos mayores, enfermos cardíacos y animales, además de los accidentes.

Con este fin trabajan de manera articulada la policía y Defensa Civil, entre otras áreas de gobierno. A su vez, en la fiscalización de la comercialización de pirotecnia se encuentran vinculadas las áreas municipales de Comercio y Control Urbano.

La ministra de Gobierno y Seguridad, Vanina Merlo, expresó que “esta mayor articulación y acompañamiento desde las áreas de gobierno de la provincia y los municipios redundará una mejor calidad de vida para los vecinos y vecinas”. Agregó que “por el resguardo de todos, creemos que no sólo debemos hacer cumplir la ley provincial sino que seguimos profundizando el proceso de difusión y concientización”.

Defensa Civil será la encargada de realizar diferentes campañas de difusión para promover la “pirotecnia cero” en todo el territorio neuquino. Acerca de la importancia de generar un cambio cultural a la hora de festejar, Merlo dijo que “no solamente hay que controlar los lugares donde se comercializa la pirotecnia sino, sobre todo, hay que generar una real concientización en los vecinos y vecinas; es allí donde vamos a poder generar un verdadero cambio con respecto a este tema”.

Efectos adversos de la pirotecnia en animales

Al poseer los animales no humanos un oído más sensible, los estruendos les provocan incontables perturbaciones, que se manifiestan en jadeo, temblor y hasta pérdida del control de esfínteres. Hay otros perros y gatos que en estas circunstancias pierden el apetito y no pueden dormir.

En otras ocasiones, aturdidos y en estado de pánico, desaparecen de sus hogares, se desorientan, se pierden y hasta pueden morir atropellados.