Tres adolescentes participaron de un debate con pares de Buenos Aires sobre la ley que apoya la inclusión social luego de su paso por instituciones estatales de cuidado.

Tres adolescentes que residen actualmente en hogares de la provincia participaron esta semana en la ciudad de Buenos Aires del Primer Foro Nacional de Jóvenes sin cuidados parentales “Mandate”, junto con otros 118 jóvenes de todo el país.

El objetivo fue generar un espacio de participación para jóvenes que viven o vivieron en dispositivos de cuidado –por alguna medida de protección dictada por juez competente–, con el fin de reflexionar sobre sus experiencias y demandas.

Para ello, los organizadores de la ONG Doncel plantearon espacios de información sobre la reciente Ley de Egreso Nº 27.364; talleres de participación juvenil; actividades de integración y expresión; y proyección a futuro.

De los 121 inscriptos en la actividad, el 60 por ciento fueron mujeres y el resto varones; 52 por ciento de los jóvenes son menores de 18 años; y el 47 por ciento de los participantes aún vive en hogares.

“Asegurar la diversidad de géneros, tener un compromiso social, promover el trabajo en equipo y la comunicación de ideas, al igual que ser promotores de la normativa con sus pares en dispositivos, son motores de esta actividad para un mejor futuro de los adolescentes que transitan por las instituciones neuquinas”, manifestó la directora provincial de Niñez, Adolescencia y Familia, Gabriela Gaset.

¿Qué es la ley de egreso?

La Ley Nº 27.364 creó el programa de acompañamiento para el egreso de adolescentes sin cuidados parentales para su plena inclusión social. Contempla a los jóvenes de entre 13 y 21 años separados de su núcleo familiar por una medida de protección de derechos.

Bajo la premisa de la autonomía progresiva y la voluntariedad para ingresar al programa, se trata de brindar un acompañamiento personal y una asignación económica mensual a cada joven.

En el primer caso, abarca un referente designado por la autoridad de cada provincia con consulta al adolescente y también dimensiones de salud, educación, vivienda, recreación y planificación financiera, entre otros. En el segundo caso, se trata de que el joven reciba el equivalente mensual al 80 por ciento de un salario mínimo vital y móvil.