La subsecretaría del Copade auditó un proyecto a través del cual investigadores del Comahue equiparon un laboratorio para el diagnóstico de la enfermedad mediante métodos de biología molecular.

Un grupo de investigadores de la Universidad Nacional del Comahue (UNCo) obtuvo financiamiento nacional para adquirir equipamiento a fin de instalar un laboratorio para desarrollar el diagnóstico de la hidatidosis en la provincia del Neuquén utilizando métodos moleculares, por cuanto es una enfermedad endémica y afecta no sólo a la salud de la población sino también al sistema productivo ganadero.

Recientemente el proyecto fue auditado por el Copade, como autoridad de aplicación de Ciencia y Tecnología en la provincia, y cerrado en lo administrativo ya que todas las etapas previstas fueron «concluidas satisfactoriamente» tanto en lo técnico como en lo financiero.

El grupo de investigación es liderado por la doctora Nora Pierangeli. Está integrado por Viviana Soriano, Lorena Lazzarini, María Florencia Debiaggi, Alejandra Kossman, Lourdes Vittori -docentes y estudiantes de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNCo- y por Luis Pianciola y Melina Mazzeo del Laboratorio Central de la subsecretaría de Salud de la provincia.

En 2007 se presentaron a una convocatoria nacional de Proyectos Federales de Innovación Productiva (PFIP) debido a que “el ciclo del parásito Echinococcus Granulosus -que produce la hidatidosis- se da entre el ganado y los perros y tiene un aspecto importante en lo vinculado a la producción y el manejo de animales”, precisó la doctora Pierangeli.

Agregó que “la provincia tiene las tasas de incidencia en humano 20 veces más altas de las que tiene la nación. En el 2011 fue la jurisdicción con mayor tasa de denuncia de todo el país: 15,8/100.000 habitantes”.

Proyectos Federales de Innovación Productiva les permitió incorporar tecnología no disponible en la región para efectuar el diagnóstico en perros, ya que son los animales que transmiten la enfermedad tanto al humano como al ganado. Efectuar este diagnóstico en los canes permite realizar la vigilancia permanente de la enfermedad.

El proyecto seleccionado se planteó en etapas. El primer aporte se efectivizó en 2009, luego de sortear el proceso de evaluación y concretar todas las cuestiones administrativas requeridas en la convocatoria. Luego de cada entrega debieron presentar un informe que, al ser aprobado, permitía acceder al siguiente desembolso.

Tuvieron mucha colaboración de la Unidad de Vinculación Tecnológica (UVT) que eligieron, la Fundación Julio Palacios. “Cuando uno recibe un subsidio, quien lo otorga tiene que saber que ese aporte se va a utilizar bien. Nuestra unidad –UVT- funcionó muy bien, siempre nos acompañó, nos explicó todo aquello que necesitábamos saber porque era nuestro primer proyecto en el Ministerio de Ciencia y Tecnología de la Nación”, manifestó Pierangeli.

El monto requerido a través del PFIP ascendió a 80 mil pesos. La UNCo aportó también como contraparte a este proyecto, facilitando los laboratorios, el equipamiento disponible y el personal. “Todo nuestro sueldo y carga horaria dedicada para este proyecto estaba avalada incluso por la rectora de la universidad”, recordaron.

Con los 80 mil pesos adquirieron equipamiento para biología molecular. Y comunicaron que “pudimos comprar el termociclador y el transiluminador que son equipos muy importantes, fundamentales, sin esto no se podía hacer el diagnóstico como estábamos proponiendo. Además este equipamiento nos sirve a nosotros y a la facultad para ser utilizado en otros proyectos de investigación”.

Tanto Pierangeli como Soriano consideraron que disponer de este tipo de financiamiento “es muy positivo para los grupos de investigación del interior del país. El PFIP federalizó la posibilidad de obtener un subsidio. Todas las provincias compitieron por igual cantidad de dinero. A diferencia de lo que sucede con otras convocatorias, en esta todos los distritos postulaban por lo mismo”.

La hidatidosis es una enfermedad endémica en Neuquén. El parásito produce quistes hidatídicos que pueden tardar años en desarrollarse y pasar inadvertidos. El tratamiento para erradicarlos en general es quirúrgico y puede ser complicado, dependiendo de la localización ya que viaja por la sangre y puede alojarse en distintas partes del cuerpo. Esta enfermedad es considerada grave. “Las muertes están asociadas generalmente a las complicaciones quirúrgicas o a las consecuencias de haber perdido algún órgano por haber tenido que intervenir de esa manera. Hay tratamiento con drogas pero solo es efectivo cuando hay detección temprana, por eso es importante bajar la incidencia y detectar los casos para abordarlos a tiempo”, consideró Pierangeli.

Resultados del proyecto

Al contar con el laboratorio, el grupo de investigación pudo desarrollar el método de diagnóstico en perros, fabricar los reactivos y validarlo para poder utilizarlo. Lo hizo mediante técnicas inmunológicas basadas en la detección de antígenos en la materia fecal del can mediante anticuerpos.

“Esos anticuerpos los ‘fabricamos’ en el conejo. Es decir, inmunizamos conejos para que produzcan los anticuerpos; después separamos esos anticuerpos de su sangre, los purificamos y les hacemos un tratamiento llamado conjugación o marcación del anticuerpo, para que pueda detectar el antígeno en la materia fecal”, indicó la doctora. De esa forma advierten si un perro está o no infectado de Echinococcus granulosus. “Con el suero del conejo, detectamos el antígeno en la materia fecal del perro mediante la técnica ELISA”.

Con el PFIP también lograron utilizar la biología molecular para confirmar los casos positivos a través de una técnica de PCR (reacción en cadena de la polimerasa) que es la amplificación del ADN del parásito. Ese método de coproPCR tampoco estaba disponible en el país para todos los laboratorios ni era utilizado a campo. “Nosotros lo probamos con muestras de materia fecal de perros de toda la provincia para evaluar la presencia de antígenos por el método ELISA y la confirmación por la PCR”, señaló Pierangeli.

Disponer de esta tecnología y aplicarla en la región ha permitido conocer cómo es la transmisión de la enfermedad y su epidemiología. Es que el Echinococus granulosus tiene distintas variantes en sus genotipos y dependiendo de cuál sea la variante hay diferencias en el tipo de infección. Por eso los investigadores del Comahue consideran que “es importante conocer en cada región cuáles son los genotipos del parásito que están presentes, ya que eso puede cambiar toda la estrategia de control”.

Utilizando biología molecular lograron identificar los genotipos del parásito que infecta en Neuquén y que difieren de los que infectan en otras partes de Argentina, lo cual “explica en parte por qué acá hay tanta incidencia de la enfermedad”, acotó Pierangeli.

Al respecto consideró que “conocer los genotipos del parásito tiene una aplicación práctica muy importante porque podemos saber qué tipo de ganado es el que está involucrado, determinar la intensidad de infección, los genotipos que están participando y eso es de gran utilidad. No es lo mismo que participen ovinos, como en el caso de Chubut, Río Negro y Tierra del Fuego, que tener más preponderancia en los caprinos como ocurre en Neuquén”.

Transferir el conocimiento

Desde que lograron implementar todas estas técnicas, se cambió la forma en que se monitorea la enfermedad en la provincia. Antes había otro método de evaluación de los perros. “Realmente el logro de lo que pudimos hacer con este PFIP es llevar a la realidad del Neuquén la implementación de las técnicas que desarrollamos. Porque se hizo transferencia a la gente del programa de control que es quien ejecuta y tiene la responsabilidad en el tema hidatidosis”.

La transferencia también incluyó a los estudiantes secundarios. “Hicimos un convenio con el Consejo Provincial de Educación para fortalecer la educación para la salud, un punto muy importante al tratar de disminuir la incidencia de la hidatidosis en la provincia. ‘No solamente curar sino también prevenir’ es el lema en nuestra facultad. Nada mejor que saber cómo es la enfermedad para evitar adquirirla”, dijo la doctora.

Por los factores de riesgo y cómo se transmite esta zoonosis, Lazzarini indicó que pensaron que lo más importante es cambiar hábitos y conductas de riesgo que tienen que ver con no dar achuras crudas a los perros ni tener contacto con los hospedadores del ciclo. Explicó que “es más fácil erradicar estos hábitos si nos focalizamos en los jóvenes que no tienen tan arraigadas estas costumbres. Trabajamos incorporando las TICs porque era novedoso para llegar a estudiantes de nivel medio. Capacitamos a 38 docentes de la provincia. El objetivo era que los alumnos realicen difusión comunitaria. Tuvimos muy buenos resultados. Quedamos todos muy conformes. Apelamos a la creatividad en educación sanitaria sobre hidatidosis.”

Para finalizar la directora del grupo de investigación opinó que encerrarse en el laboratorio no sirve. Y manifestó que “tenemos que salir, mostrar e involucrarnos. Aunque el PFIP ya terminó, seguimos trabajando en este tema porque cuando uno más investiga, más incógnitas aparecen. Así es la ciencia. Hemos tenido tres premios a los mejores trabajos presentados en las Jornadas Nacionales de Hidatidosis 2010, 2012 y 2013 y uno en el Congreso Nacional de Bioquímica del 2009. Esto nos da la pauta de que estamos en un buen camino y nos genera la responsabilidad de no abandonar la posta. En este 2013 empezamos un nuevo proyecto universitario sobre hidatidosis que durará cuatro años”.