Héctor Cucuzza disertará acerca del rol del libro escolar

noviembre 6, 2009

El profesor y especialista en temas educativos visitará mañana la ciudad de Neuquén para participar del ciclo de conferencias “Reflexiones sobre el estado y futuro de la Educación Pública”.

Como parte del ciclo de conferencias “Reflexiones sobre el estado y futuro de la Educación Pública” que organizan la Legislatura provincial y el Consejo Provincial de Educación (CPE), disertará mañana en Neuquén el doctor Héctor Rubén Cucuzza, que expondrá sobre “La historia del Libro y la Lectura Escolar: sus funciones en la formación de la identidad nacional”.

El encuentro se realizará a las 9.30 en el Auditorio del Consejo Provincial de Educación (CPE), ubicado en Belgrano y Colón de esta ciudad.

Cucuzza es profesor titular del Seminario de Historia Social del Libro y la Lectura en Argentina y especialista en escritura y alfabetización de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional de Luján. Fue director del departamento de Educación de la casa de Altos Estudios y presidente de la Sociedad Argentina de Historia de la Educación.

La escuela como refugio privilegiado

En una entrevista por escrito el especialista adelantó algunos de los puntos que serán analizados en su conferencia, principalmente acerca de los objetivos y modos de lectura de los libros escolares a lo largo de la historia argentina.

Según Cucuzza, se pueden distinguir tres momentos clave en la forma de abordaje del libro a nivel escolar: uno relacionado con la necesidad de alfabetización y construcción de la identidad nacional, durante los gobiernos liberales de fines del siglo XIX; otro de irrupción de la cultura televisiva a mediados del siglo XX, y otro a fines del mismo siglo.

“El libro acompañó un proceso de formación masiva de lectores, que se confió a la escuela como la agencia legítima de transmisión de los saberes que se consideraban legítimos”, señaló, y aseguró que “pese a las críticas por su situación de crisis, la escuela sigue siendo un refugio privilegiado de promoción y difusión de la lectoescritura hacia los sectores históricamente marginados del saber, leer y poder”.

A continuación se transcribe la exposición teórica del especialista:

Los libros escolares tienen objetivos específicos, ¿en la historia de Argentina se pueden distinguir variaciones en los fines de los libros?

-En un primer momento, bajo el proyecto de las oligarquías liberales a fines del siglo XIX, se da una estrecha relación entre el maestro, el libro y la cultura letrada impresa.

La exigencia de “nacionalizar” al inmigrante y “civilizar” al gaucho condujo a la conformación de los sistemas educativos obligatorios, laicos y gratuitos.

Se introdujo el método de la palabra generadora en lugar del deletreo en los silabarios y el libro de texto tomó un formato material pequeño y “manual” al servicio de la lectura elocuente en voz alta, de pie junto al pupitre, “talones juntos puntas separadas” como prescribía el ritual, mientas la clase acompañaba con lectura silenciosa.

Esta sería la escena de lectura “normalista” que dominó hasta bien avanzado el siglo XX para formar masivamente lectores, y que condujo a que, sin tener ningún abuelo argentino, apenas a tres generaciones del aluvión inmigratorio, interrogado sobre su nacionalidad un alumno en un aula actual conteste “Yo argentino” como titulamos nuestro último libro.

En un segundo momento, aproximadamente a mediados del siglo XX, bajo el proyecto de país del Estado Benefactor comienzan a insinuarse las fracturas entre maestro, libro y texto escrito a medida que se impone una cultura televisiva.

Se mantiene la escena de lectura fundacional pero se “transgrede” la norma liberal fundacional con la introducción de contenidos partidistas en los libros de texto durante el primer peronismo y posteriormente mediante las subsiguientes lecturas antiperonistas luego de la caída.

De otro modo, el peronismo no revolucionó la “norma”, la trasgredió incluyendo contenidos político-ideológicos explícitos en lo que hemos denominado el menos oculto de los currículos ocultos si comparo con otros contenidos igualmente políticos e ideológicos de otros períodos.

En el transcurrir de la segunda mitad del siglo XX se afianza un proceso de apogeo y triunfo de la imagen y del sonido donde el texto escrito obra como mero soporte de la oralidad en medio de un profundo debate sobre los métodos, básicamente, palabra generadora vs método global.

Progresivamente el libro de texto cambia de aspecto, tapas blandas, con actividades para dibujar, recortar, etc.; aparecen historietas, ilustraciones más cercanas al cotidiano de la niñez, incentivando trabajos en equipo, etc.

Un párrafo aparte merecería el período de la última dictadura con la aplicación de aquella nefasta consigna de sólo enseñar trece letras en primer grado, la censura y quema de libros.

Y podríamos pensar en un tercer momento con el triunfo de las políticas neoliberales hacia los ´90 que evocan una cierta escena de lectura anómica.

Pero ello en un doble proceso que genera efectos contradictorios y complejos:

Por un lado no hay “anomia” en cuanto a la producción de textos y las teorías pedagógicas que les sirven de sustento. La “norma” la fijan las editoriales según las rigurosas leyes de oferta y demanda que fija el mercado mientras el Estado se retrae.

En cuanto a la metodología la “norma” es fijada por los aportes del constructivismo aún en medio de las polémicas en las que predominan de manera notable los enfoques lingüísticos.

Por otro lado hay “anomia” en tanto la profundización de la crisis ha convertido a las escuelas en “merenderos” desplazando las funciones tradicionales de la escolarización por las funciones de contención social. La precarización de la situación laboral docente y sus escasas posibilidades de perfeccionamiento llevan a que sus prácticas de enseñanza de la lectura muchas veces continúan siendo conductistas aunque ocultas en un discurso que se autoproclama constructivista.

La lectura escolar ofrece a los niños beneficios, ¿en la historia de nuestro país se perciben modificaciones en los beneficios?

Como dijimos, el libro acompañó un proceso de formación masiva de lectores que se confió a la escuela como la agencia legítima de transmisión de los saberes que se consideraban legítimos.

El descenso de las tasas de analfabetismo en nuestro país es evidenciado por las estadísticas que demuestran un proceso de democratización del acceso a la cultura letrada aunque es posible registrar heterogéneas y originales experiencias de apropiación de la escritura por parte de sectores subalternos de la sociedad.

No obstante este proceso de democratización que permitió que la Argentina pudiera mostrar la reducción del analfabetismo respecto de otros países de Latinoamérica tuvo la contracara del llamado “analfabetismo funcional” o “analfabetismo por desuso” como también se lo denominara, como consecuencia del fracaso escolar que conduce a la deserción.

Y esta deuda se mantiene hasta la actualidad.

De acuerdo al contexto histórico, en Argentina los libros escolares tienen distintos modos de lectura ¿Cuáles son las características del modo de lectura antes y después de la aparición de las llamadas nuevas tecnologías, como internet y la televisión?

Para responder esta pregunta volvamos a los tres momentos que señalamos en el comienzo de la entrevista, para decir que el “leen cualquier cosa” del sentido común del discurso docente de comienzos del siglo XX bajo el imperio de la palabra impresa, dio paso al “no leen nada” de la segunda mitad con el triunfo de la imagen televisiva, y terminó siendo sustituido por el “no saben leer” de comienzos del XXI cuando se afianza la nueva escena de lectura en las pantallas de Internet.

Esta afirmación sin matices del “no saben leer” se produce paradójicamente cuando la eficacia de la página impresa viene siendo puesta en cuestión por la irrupción de la pantalla como soporte de texto al mismo tiempo que produce fenómenos como que asistimos a un momento en que se escribe y lee como nunca antes en la historia de la cultura letrada.

La revolución informática propone una nueva escena de lectura frente a la computadora: el hipertexto ya no sigue la linealidad de la escritura tipográfica, “navegamos” por imágenes, sonidos y textos escritos enlazados por “links”, consultamos enciclopedias digitalizadas, filmamos con teléfonos o cámaras digitales y “colgamos” videos en youtube, etc., planteándose nuevos desafíos a la enseñanza de la lectura y escritura aunque creemos necesario superar la falsa antinomia página/papel o pantalla/electrónica.

No creo que nuestros jóvenes sean mejores ni peores lectores y escritores que los de nuestra generación: son diferentes. Suele decirse, aunque merecería una profunda discusión, que una lectura intensiva fue sustituida por una lectura extensiva.

Y quedaría por investigar cuáles profundas modificaciones en la conciencia viene produciendo la exposición temprana a la lectura y escritura en pantalla, como en su momento provocó la escritura y lectura en tabletas, códices o papiro en las culturas orales.

El papel del Estado en la formación de recursos humanos pedagógicos. ¿Qué condiciones básicas debería tener la preparación de docentes? ¿Debería ser nacional o estar en manos de las provincias?

Las políticas educativas de los ´90 generaron una fragmentación de los sistemas educativos en nuestro país profundizando las diferencias de acceso donde el mapa de la pobreza calca el mapa del desamparo cultural en todos los espacios no sólo desde lo público o privado sino dentro de cada uno de sus agentes y jurisdicciones.

La fragmentación alcanza a lo que hemos denominado escenas de lectura y así puedo preguntarme:

¿Cuál sería la escena de lectura que refleja a la Argentina en un mundo globalizado?

Diríamos que no una sino varias diferentes escenas de lectura en consonancia con la fragmentación del sistema educativo que ha generado circuitos diferenciados según la situación social; en segundo lugar las nuevas escenas de lectura preconizadas desde el constructivismo; y junto a ello, un verdadero aquelarre de prácticas de enseñanza como consecuencia de las deficiencias en la formación del magisterio, entre otros factores.

Por esos motivos no creo en principio (y a cuenta de mayores desarrollos) en un planteo antinómico entre Nación versus provincias por cuanto el problema de la formación docente requeriría acciones concertadas y articuladas.

Y aquí no invento nada nuevo: alcanza con consultar la nueva ley nacional de educación N° 26.206; y, en especial, lo referente al INFOD (Instituto Nacional de Formación Docente) y sus funciones en el artículo 76º.

Quiero decir que existe una hiperinflación de diagnósticos, documentos y declaraciones a nivel nacional e internacional.

Faltaría encarar la condición básica (aunque no la única) de la preparación de los docentes: un salario digno.

Finalmente quiero cerrar diciendo que, como en todos los comienzos de clase, los alumnos del primer grado inicial son formados en una fila en el supuesto de que todos arrancan la carrera desde el mismo punto.

No es así. Las diferencias de oportunidades respecto de sus orígenes familiares y sociales en el contacto con la cultura letrada se harán sentir en su desempeño escolar.

No obstante, pese a las críticas por su situación de crisis, la escuela sigue siendo un refugio privilegiado de promoción y difusión de la lectoescritura hacia los sectores históricamente marginados del saber/leer/poder.