Querido pueblo de Loncopué, querido pueblo de la provincia, querida intendenta, a todas las autoridades presentes, a las escuelas, a las bandas, a todos los que nos están escuchando en este día tan importante para nuestra Patria. En las palabras de Belén (niña presente en el acto) y las de Marita (María Fernanda Villone, intendenta de Loncopué) se refleja claramente la importancia que tiene el festejo de una fecha patria para todos los argentinos.

No podemos comprender el presente ni hacia dónde vamos si no somos fieles defensores de nuestra historia, de nuestras raíces, de nuestro legado, de los valores que nos vienen desde el fondo de esta historia. Hombres y mujeres que fueron capaces de dar su vida por dejarnos esta Patria, esta Nación. Hombres y mujeres que lo dieron todo: la tranquilidad de su familia, sus fortunas, su libertad, su propia vida. Y cuando los recordamos, a algunos lo hacemos con nombre y apellido, pero también es fundamental recordar a todos los anónimos: desde el soldado desconocido de la Independencia, pasando por quienes entregaron su vida, su libertad, su arrojo y su integridad física a lo largo de toda nuestra historia. Antes de 1810 y después de 1810 hasta el presente, hombres y mujeres que también hoy construyen, día a día, con esfuerzo y sacrificio, la Nación que quisieron nuestros fundadores.

Y cuando recordamos a aquellos fundadores, no podemos dejar de tomar aquel testimonio de libertad, de independencia, de San Martín, de Bolivar, de Artigas, de O´ Higgins, hombres que condujeron el proceso revolucionario. Y entender que fue un proceso de cambio profundo, un proceso que no fue solamente reemplazar la colonia o tener un gobierno patrio, sino que las primeras medidas de gobierno fueron revolucionarias: suprimir la esclavitud, prohibirla, abolir los tormentos, terminar con todos los tormentos, tributos a los indígenas, establecer la educación obligatoria, pública, libre, entre otras decisiones que tomó ese gobierno revolucionario. Tenemos que recordarlos porque vienen a iluminar nuestro presente: libertad, igualdad y justicia.

Siempre me propuse, cuando era niño en la escuela, que cuando recordara el 25 de mayo y me tocara alguna vez hablar en público, tenía que hacer una defensa de los hombres y las mujeres de Mayo, sino cómo llegamos hasta mayo de 1810 y que muy bien lo reflejaba Belén en sus palabras: tuvimos conciencia de nuestro poder en las Invasiones Inglesas, tuvimos conciencia de los ideales revolucionarios y de la libertad en la Revolución Francesa, pero el 25 de mayo de 1809 se produjo en Chuquisaca un hecho muy importante: fue un grito de libertad en el lugar, donde en la facultad de Derecho estudiaron hombres como Moreno, Castelli, como Monteagudo, hombres que no solamente lucharon con la palabra y los ideales, sino también con la espada por la libertad de América.

Al mes siguiente, de 1809, en La Paz, Murillo levantaba la antorcha de la libertad. Tanto Chuquisaca como La Paz dependían del Virreinato de La Plata y Cisneros envió directamente la represión. Decenas de patriotas murieron en la horca, y cuando lo estaban por ahorcar a Murillo, en sus últimos momentos dijo “podrán ustedes apagar la antorcha de mi vida, pero la de la libertad que hoy queda encendida no la podrán apagar jamás”.

Por eso hay que recordar a Murillo, a Monteagudo, a Castelli, a Moreno, que en Chuquisaca estudiaron y se formaron en la Revolución Francesa y sus ideales, es un deber que tenemos como argentinos. Pero también debemos ir un poco más atrás, recordando a un hombre que luchó por la emancipación de la colonia y la esclavitud, y contra la tiranía, 30 años antes: Túpac Amaru, un ancestro, con un ejército evolucionario de miles y miles de hombres y mujeres, que luchó contra la explotación del hombre en la mina de Potosí, luchó contra la explotación de los españoles con los indios, y también decretó la evolución de la esclavitud con los negros.  Murió en mayo también, en mayo de 1781 muere Túpac Amaru, pero la antorcha que él había encendido, tampoco se pudo apagar. Lo descuartizaron a él y a toda su familia y creyeron que repartiendo sus restos por todo el territorio iban hacer olvidar al pueblo acerca de la historia de este hombre libertario. Pero se equivocaron: no hicieron otra cosa que desparramar la semilla y el germen de la independencia, de la justicia y de la libertad.

Cuando ingresó el enviado del rey a la cárcel donde estaba Túpac Amaru le dijo “denunciá y decinos quiénes están con vos, quiénes te siguen, porque ellos también merecen la muerte” y Túpac respondió: “los únicos dos que merecemos la muerte son el rey y sus representantes por la tiranía que instalaron en Latinoamérica y yo, Túpac Amaru, que he sido quién ha encendido esta hoguera de libertad. No se ensañen con mi pueblo ni con mi gente, aquí tienen un cuerpo con el que pueden saciar su sed de venganza y seguir con su tiranía que pronto se va a terminar”.

Treinta años antes de la Revolución de Mayo, Túpac Amaru señalaba el camino que tenían que seguir hombres y mujeres, y esos valores los tomaron Castelli, Moreno, Monteagudo, que después de mayo, el 9 de julio declararon la independencia y la contagiaron en el resto de América Latina y por la que tuvimos que seguir luchando en campos de honor, en tribunas de gloria.

Además, Belgrano decía que para amar la Patria bastaba ser habitante de un territorio, que basta con vivir en una tierra para que uno sienta amor por esa tierra y por la Patria. Pero decía que para ser patriota, en serio, no bastaba con amar la Patria, sino que había que defenderla. Por eso distinguía entre el habitante y el patriota, y creo que ese es el legado que nos dejan desde el fondo de la historia: el legado de ser patriotas, y serlo es conocer nuestra Patria, amarla y defenderla. Y la mejor manera de hacerlo es hacer estos actos donde nos juntamos en una fecha patriótica para recordar nuestro pasado pero para tomar desde ese pasado los testimonios de lucha y los valores de la historia. Testimonios de luchar cada día por la libertad y la justicia, contra la tiranía y la opresión, contra la injusticia.

Estamos todos convocados, desde este 25 de mayo de 1810, a construir cambios cada día de nuestras vidas, la Patria que quisieron nuestros mayores y la que se merecen las generaciones que nos siguen. Trabajemos en ese sentido, queridos amigos, y que viva Loncopué, que viva Neuquén y que viva La Patria.