En este 34º aniversario y frente al fuerte debate continuo que en la post guerra se abrió entre quienes calificaron a la Guerra de Malvinas como una gesta patriótica y aquellos que la presentaron como una aventura irresponsable y criminal de una sangrienta dictadura militar, malvinizar es recuperar el verdadero significado de la causa Malvinas en nuestras vidas personales y en nuestra identidad de la historia nacional.

Después de todo, la propia historia de Malvinas no comienza ni termina en el año 1982. Las islas fueron usurpadas en el año 1833 y desde aquel entonces nuestro país reclama por su integridad territorial. Por ello malvinizar es poner las cosas en su lugar, es entender que la causa de Malvinas es mucho más que la guerra. Malvinizar resume la larga lucha del país por obtener su plena soberanía económica, política, territorial, cultural. Es saber que las islas Malvinas son argentinas desde el año 1810 por haber sido parte del territorio del Virreinato del Río de la Plata y tener en cuenta que al momento de reconocer la independencia argentina en el año 1825, el Reino Unido no las reclamó.

Es dimensionar la iniciativa de Miguel Fitzgerald en 1964 y de quienes conformaron el Operativo Cóndor con el fin de reafirmar la soberanía nacional en 1966. Es rechazar la militarización del Atlántico Sur y el principio de autodeterminación de los pueblos, porque los isleños de hoy son los descendientes de los británicos que expulsaron las autoridades argentinas y a quienes vivían en las islas desde 1833.

Es dimensionar que aquellos soldados hoy ya veteranos de guerra no fueron ni son chicos de la guerra. Es denunciar públicamente el ocultamiento sufrido post bélico, post guerra, por veteranos de guerra y familiares de caídos al comienzo de la democracia, de nuestra querida democracia. Es responsabilizarse como sociedad por los suicidios de veteranos de guerra ocurridos desde 1982 a la fecha. Es querer la vida e historia de los hijos de esta provincia caídos en combate. Es sancionar públicamente la ausencia de la bandera argentina, de nuestra bandera nacional, en el cementerio de puerto Darwin, único caso a nivel mundial que desconoce una práctica asiduamente utilizada en los cementerios militares.

Es comprender el éxito que significa que la diplomacia nacional por la resolución 2065 de la ONU (Organización de las Naciones Unidas) cuando invita a gobiernos a continuar con las negociaciones a fin de encontrar una solución pacífica al problema. Es compartir también el logro de esta política pública comenzada por los distintos gobiernos, fortalecida en el año 2009 por el gobierno nacional anterior y que recientemente en la continuidad de esta defensa de política pública, el actual gobierno nacional ha logrado que en fallo unánime la ONU establezca un crecimiento de nuestra plataforma marítima en un 35 por ciento, 1.700.000 kilómetros cuadrados más de plataforma marítima, estableciendo que no hay límite en la profundidad de dicha plataforma. Antes teníamos un límite, ahora ya no hay límite de profundidad para el desarrollo de nuestra soberanía política, económica y territorial.

Es en nombre y en base al mandato popular, en el ejercicio legítimo del poder en la representación del mandato que el pueblo neuquino me ha dado, desde lo popular, desde lo ético, es que venimos aquí por los olvidos, por las dudas, por los malos entendidos, por la falta de sensibilidad y por la firme convicción en la sensibilidad de nuestro ser es que venimos aquí y ahora. Venimos a decirles gracias, muchas gracias, y perdón.